Alto y claro

José Antonio Carrizosa

Final de época

HACE unos pocos días, un destacado dirigente socialista comentaba, durante la celebración en Sevilla de un acto social, que en la opinión pública se ha instalado una sensación de final de época que es muy difícil de contrarrestar y que terminará, si no se reacciona de forma contundente, dejando en manos del Partido Popular lo que hasta ahora han sido bastiones del POSE, como la Junta de Andalucía o el Ayuntamiento de Sevilla y, por descontado, perdiendo el Gobierno de la nación. Este análisis, mucho más realista que derrotista, lo realizaba mi interlocutor al hilo de las encuestas que diversos medios de comunicación hemos publicado durante las últimas semanas y del chaparrón de noticias que un día sí y otro también aparecen sobre la trama de las ayudas de la Junta a las prejubilaciones, convertida, a fuerza de bombardeo mediático, en el gran caso de corrupción que va a marcar todas las convocatorias electorales que se avecinan. No le faltaba razón al líder socialista. El ambiente político que se vive es el de un tiempo que se acaba.

Para los que podemos acreditar ya alguna que otra década dedicada a la tarea de hacer periódicos, nada nuevo. La situación guarda muchas similitudes con la que en el periodo 1993-1996 supuso el final del largo mandato de Felipe González en la Moncloa. Eran los tiempos que luego Ansón bautizaría como los de la conspiración. Entonces, como ahora, se sumaron una difícil situación económica, el desgaste de una larga permanencia en el poder y casos de corrupción que el electorado no perdonó. Ahora cabe anotar dos circunstancias que ponen las cosas todavía peor para los socialistas: la crisis y el desempleo son mucho mayores que en aquella época y el ataque se focaliza en Andalucía, porque si la derecha ha aprendido algo en estos años es que aquí está la llave para conquistar España.

Pero entonces, y también ahora, los socialistas se han ganado a pulso lo que les pasa y lo que les pasará. Una hoguera no arde si no hay combustible. La trama de los ERE ha puesto al descubierto una forma de gestionar los recursos públicos y una permisividad para que chorizos de todo tipo se instalaran en los aledaños del poder que sólo se explica por la prepotencia y la arrogancia de quienes se creen invulnerables. Es la sensación de impunidad que da una permanencia demasiado larga en el poder y que, al final, se termina pagando. Por eso el PSOE lo tiene tan difícil para cambiar las tornas, aunque se empezara a ver una recuperación económica. Por eso, como decía el dirigente socialista al que me refería al principio, respiramos el ambiente de un final de época.

Tags

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios