en tránsito

Eduardo Jordá

Gane quien gane

NO sé si la campaña electoral que acaba de empezar va a servir de algo. La cosa está muy fea. Lo más probable es que nuestra economía no tarde mucho en ser sometida al control de los supervisores europeos, igual que le ocurre a Italia (y no hablemos de Grecia o de Portugal), así que el margen de maniobra del partido que controle el poder a partir del 20-N va a ser mínimo. El ganador de las elecciones tendrá que hacer lo que le dicten desde Europa, y lo que le dicten va a ser muy doloroso: recortes en prestaciones sociales, copago sanitario, bajadas de sueldos, aumento de horarios de trabajo, fuertes subidas de impuestos, tal vez despidos masivos de funcionarios. Y el problema es que nadie nos ha hablado claro ni nos ha preparado para esto.

No conviene que nos engañemos. Aunque gane por mayoría absoluta el 20 de noviembre, el PP vivirá dentro de un año -o quizá mucho menos- un descrédito comparable al que ahora vive el PSOE. Llevamos tanto tiempo corriendo sobre el vacío, sin darnos cuenta ni del abismo ni del vacío -igual que el Coyote de los dibujos animados- que ahora nos ha tocado pegarnos el costalazo. Por supuesto que los banqueros y los políticos y los mangantes seguirán viviendo igual de bien, o incluso mucho mejor, pero la inmensa mayoría de nosotros va a vivir peor. Y nadie nos ha avisado del peligro, porque la anestesia moral de nuestra sociedad ha permitido que los partidos políticos se acostumbren a engañarnos con pésimos trucos de magia. La derecha nos hace creer que el mundo es una inmensa boutique de lujo en la que sólo hace falta tener una tarjeta de crédito, mientras que la izquierda nos hace creer que el mundo es una gigantesca dependencia administrativa llena de funcionarios que cobran su sueldo gracias al maná milagroso que cae del cielo. Esos dos modelos son dos falacias monstruosas, pero no queremos darnos cuenta de ello. Llevamos demasiado tiempo viviendo de espaldas a la verdad. Y no queremos reconocer que tenemos un grave problema en casa y que nos va a costar mucho trabajo superarlo.

No hace falta ser muy listo para ver lo que se nos viene encima. Tendremos que trabajar más y cobrar menos. Sufriremos huelgas salvajes que nos harán la vida mucho más difícil. Y veremos cómo cada día se va degradando el sistema de asistencia social al que nos habíamos acostumbrado, un sistema que en muchos casos era ejemplar, pero que no hemos sabido valorar en lo que se merecía. Así que veremos desconchones en las paredes de los colegios, y aparatos de alta tecnología estropeados en los hospitales, y médicos con barba de dos días arrastrando los pies por los pasillos, y maestros desquiciados enfrentados a unos alumnos aún más desquiciados. Gane quien gane, eso es lo que nos espera.

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