Ojo de pez

pablo / bujalance

Un tal García

LA muerte de Gabriel García Márquez ha servido para hacer más evidentes algunos síntomas que afectan al mundo de la cultura en España, si es que algo así existe realmente. Ya sabíamos que el deceso de algún autor de postín significa, ante todo, una oportunidad de negocio para las grandes editoriales. Y así va a ser, sin duda, más aún al tratarse de un escritor con las facilidades que brinda al respecto García Márquez (muchas más de las que dio Álvaro Mutis, a mi juicio similar, cuando no superior, en altura literaria). Aunque resulte paradójico (el muerto al hoyo, y lo que sigue), esto no resulta de por sí malo, ni deplorable. Si alguien se asoma por primera vez, o por segunda, o por tercera, a las páginas de El otoño del patriarca a cuenta del fallecimiento de su autor, por morbosa curiosidad, eso que se lleva. Las redes sociales también han abierto vedas en este sentido: la muerte de un Nobel constituye una ocasión espléndida para que muchos se promocionen a sí mismos como seres cultísimos, de preclara sensibilidad, que no dudan en hacerse un selfie con su volumen favorito del egresado ni en citar sus frases predilectas del mismo, a menudo con consecuencias apócrifas. Que conste que el modelo funciona sólo con el cuerpo caliente: son bastantes menos los que aprovechan el 450 aniversario de la muerte de Shakespeare.

Pero, vaya, que las editoriales saquen partido para colocar reediciones y que los presumidos de turno hagan lo propio para escalar puestos en la más banal de las vanidades no es nuevo. Ni lo más grave. Lo peor es la constatación de que la literatura, y en general la cultura, está hoy aún más arrinconada que hace sólo una década en la toma de decisiones, en las opciones de que disponen los ciudadanos para ejercer como tales, entre los valores más considerados por la sociedad. ¿Quién es, en el fondo, Gabriel García Márquez? ¿De dónde viene, por qué hizo lo que hizo? ¿Se trata acaso de un señor con pinta de abuelito osado que escribió una novela muy bonita titulada Cien años de soledad y que vendió millones de ejemplares? ¿Acaba ahí y en el Nobel su aportación a la historia de la literatura? Se han publicado muchas páginas en la prensa sobre el colombiano tras su muerte, pero faltan espacios en los que dar a conocer con profundidad su obra de cara al gran público. La costumbre que los viejos llamaban divulgación.

Y faltan porque no existen. Antaño, hasta la literatura tenía su hueco en la televisión fuera de lo anecdótico. Y en el sistema educativo, ahora pasto de tecnócratas. Que alguien lea hoy a García Márquez de nuevas será un milagro; y la felicidad, otra cosa.

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