La ciudad y los días

carlos / colón

Hojas muertas de los libros

SÓLO el 28,6% de los españoles leen habitualmente libros. Estamos por debajo de la media europea. Supongo que algo tiene que ver el inmenso fracaso educativo español, cuyo origen está en la socialista Logse del 90 que sustituyó a la anterior Ley del 70, la de Villar Palasí. Ésta, pese a ser franquista, era mejor que su sustituta democrática. Al igual que la venerable Ley Moyano de 1857 con sus muchas reformas posteriores, sobre todo las efectuadas durante la Segunda República que el franquismo en gran parte mantuvo, era mejor que la de Villar Palasí. Curioso fenómeno español éste de ir educativamente a peor, sin que importen regímenes ni ideologías, dictadura o democracia, que nos tiene como nos tiene. Porque tampoco la LOE del PP logró poner las bases para enmendar las cosas. Y el clima político no parece inclinarse a un pacto de Estado educativo. Más bien lo contrario en estos tiempos de política liliputiense.

Así las cosas es inútil tirarse de los pelos, cubrirse de cenizas o rasgarse las vestiduras al constatar que nuestro índice de lectores, además de ser muy modesto en sí mismo y menesteroso si lo comparamos con los países europeos más educativa y culturalmente desarrollados, menguan en vez de crecer. Siempre se puede ir a peor en este país. No sorprende que los números del sector editorial, lejos de progresar, hayan retrocedido hasta igualarse con los de 1994: la mitad de los encuestados no han comprado un solo libro en lo que llevamos de 2016. Bajando a lo local se comprende también que las librerías hayan desaparecido casi totalmente del centro de la ciudad. Si no me equivoco, con la excepción de la sección de libros de El Corte Inglés, quedan tres librerías -Céfiro, Reguera y La Casa del Libro- en este desdichado centro nuestro que hasta los años 90 tuvo más de veinte (cito de memoria, que me perdonen las olvidadas): las dos Pascual Lázaro, El Rosario de Oro, Atlántida, Sanz, Lorenzo Blanco, Eulogio de las Heras, Oliam, Montparnasse, Maymen, Vértice, Renacimiento, Fulmen, Tarsis, PPC, Antonio Machado, Repiso o Padilla, más las centrales de Bruguera (Don Remondo), Labor (Placentines), Aguilar (García de Vinuesa) o Planeta (Bailén). En fin... Si no han quedado en el centro cines, teatros y cafés no debe extrañarnos que haya tan pocas librerías. Los cuatro suelen ir de la mano. Caen en otoño las hojas muertas... de los libros.

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