Cuchillo sin filo
Francisco Correal
Zapatos en una panadería
NUNCA es tarde si la dicha es buena, dice el viejo adagio y eso es lo que le ha ocurrido a una treintena de amigos que llevaban una vida esperando a tener caseta propia. Gente del barrio de San Lorenzo en su mayoría y con el sello impreso de torcer por la hermandad que lleva de apellido al propio barrio. Es caseta muy bien situada, digamos que estratégicamente situada allá donde confluyen Antonio Bienvenida y Curro Romero. Excelsa confluencia, por cierto, para ubicación de El Homenaje, que así es como se llama el efímero habitáculo. Y muy bien decorada, con sencillez, un muy buen gusto y ninguna pretensión, nada que la haga caer en la cursilería, con símbolos de la Sevilla verdaderamente eterna en su pañoleta. Bueno, pues a pesar de tantos argumentos para el elogio, ninguno tan merecido como la alegría en la cara por, al fin, tener caseta propia.
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