ME gusta mucho María Pujalte. Qué le vamos a hacer. Estas cosas pasan. Y se disfrutan como los pequeños placeres. A pequeños sorbos. Uno ve a una actriz de su talla, entra en sus guiños, comprende sus complicidades, se adentra en las todos los matices que abarca su rostro, e inicia una comunión que, como en el caso que nos ocupa, puede abarcar varias décadas de una vida. Y es hermoso.

María Pujalte es Laura Lebrel en Los misterios de Laura, una serie que ha permanecido en la nevera durante los últimos dos años. Sus numerosos seguidores deseábamos el momento de verla en antena, pero sucede que ahora que ha visto la luz, tras algún que otro titubeo, que si los lunes, que si los martes, resulta que se topa con las ficciones de otras cadenas y queda relegada en el ranking. Injustamente.

Los misterios de Laura, pese a la frugalidad de Bienvenidos al Lolita, frente a la testosterona de El Príncipe, continúa siendo un producto modélico. Agradable, inteligente, muy bien presentado. Que cuenta con un plantel de actores protagonistas muy bien definidos y un repertorio de invitados de lujo. Es injusto que la gran Beatriz Carvajal tenga que verse obligada cada martes a ver un episodio de una de las series en las que participa mientras graba el episodio de la otra, porque se emiten a la misma hora. Es injusto que no se valore el carisma de María Pujalte como el de una de las grandísimas. A este paso acabarán diciendo que funciona mejor en reposiciones que en estrenos.

Por cierto, que esta semana ocurrió algo que pensé que no iba a contar nunca. Repor fue suprimido de La 1. No salió en antena. Tres episodios seguidos de Los misterios de Laura se lo tragaron. Mala cosa.

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