Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Imprevistos

TODO está controlado. Carné de identidad, currículum, número de la Seguridad Social. Años cotizados en una vida devaluada. Informe médico con una operación de apendicitis y un quiste sebáceo en la espalda. Tantas llamadas que hicimos el día tal de tal desde la oficina. Y con quién hablamos más tiempo por el móvil.

Nos conocen. Nos siguen el rastro. Qué canciones forman nuestros gustos inconfesables, qué compra de Reyes hicimos a última hora, qué le excita a nuestra pareja, qué dudas tenemos con el diccionario, qué hoteles nos gustaría visitar, qué cotilleos nos respingan. Qué película porno nos puso.

Nos calculan. Somos el público potencial de Arrayán o de El barco. O de Ana Rosa Quintana. El espectador medio que prefiere ver un reality o que vibra con la Fórmula 1 antes que con un documental de zarigüeyas.Y piensan en nosotros cuando programan la última de Piratas en el Caribe o de Harry Potter. Se acuerdan de nuestros hijos. Insisten con aquella serie que plataforma los deseos textiles y jugueteros. Nos descubren cosas que no sabíamos de nosotros mismos. Tenemos hambre, tenemos sed. Tenemos ganas de algo que aún no conocemos. Queremos ese coche. A ese tío. Tenemos que mejorar la hipoteca. Hay cosas que han cambiado. El Gobierno se preocupa en recordárnoslo. Por si nos apetece ir a votar una mañana de estas. Nos fotografían en cada vistazo de una web, en el sendero que nos lleva hasta nuestro perfil en facebook o hasta el escondrijo de nuestra cuenta corriente. Nos intuyen en los índices de audiencia. Pero llega un día lo imprevisto. Lo que no se detecta. Se derrumba lo que ellos creen tener encerrados en los armazones. Y un tipo, a su aire, coge la escopeta, se pone a pegar tiros por las calles y termina abriendo el Telediario. Y aquel desesperado se prende fuego y cambia la Historia.

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