la tribuna económica

Rogelio / Velasco /

Italia y la falacia de la intervención salvadora

MUCHOS expertos, centros de investigación y políticos abogan por el fortalecimiento de los mecanismos de intervención europeos como herramientas para disuadir los ataques especulativos contra la deuda de los países que en mayor medida sufren la crisis y, en particular, contra Italia, al ser la economía de mayor tamaño que enfrenta problemas muy graves.

Las herramientas son, por un lado, una intervención más activa del BCE en los mercados y, por otro, una mayor dotación del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera. A éste querrían dotarlo con unos recursos de 3 billones: un bazooka financiero capaz de destruir cualquier ataque especulativo.

Sin embargo, si los países que necesitan actualmente ayudas de esas herramientas no asumen los ajustes necesarios para hacer sostenibles sus economías, no existe un bazooka que calme a los mercados y acabe con la especulación. Como los restantes países de la Eurozona, Italia se ha beneficiado extraordinariamente de la caída de tipos de interés que representó la adopción del euro. En 1999, el año de su creación, la deuda pública con relación al PIB alcanzaba el 115%. La rápida caída de los tipos, de una media del 10% hasta niveles próximos al 4% hasta las semanas recientes, provocó un drástica caída del pago por intereses con relación al PIB. La economía ha pasado de pagar casi el 12% de intereses sobre el PIB en el año 1996, hasta el 4%, como media, en 2011. En aquellos años, esa partida superaba a las pensiones y a la sanidad en los presupuestos. Este hecho contribuyó a que la deuda pública con relación al PIB se redujera, transmitiendo la imagen de que la economía italiana era estable, a pesar del casi nulo crecimiento económico durante los últimos 15 años.

En paralelo, el superávit primario (sin el pago de intereses) ha pasado durante estos años del 6% a niveles negativos en los últimos tres años ¿Qué ha ocurrido? La reducción de tipos asociada al euro ha enmascarado una situación en la que el gasto corriente del Estado ha seguido creciendo, más que compensando la reducción de tipos. Cuando éstos han empezado a subir, la situación real ha salido a la superficie con toda su fuerza.

En estos momentos, con una economía estancada, una deuda del 120% del PIB y unos tipos del 6,5% por la deuda a 10 años, Italia no puede salir adelante. El efecto bola de nieve, por el que se emite deuda para pagar deuda, ya existe.

O cae sustancialmente el gasto corriente y llegan reformas estructurales, o la economía italiana se colapsará. Además del gasto público, existen cientos de leyes que protegen de la competencia a abogados, taxistas, controladores, etc. Walter Veltroni, antiguo alcalde de Roma y candidato a la presidencia del Gobierno, prometió en la campaña electoral que, si ganaba, lo primero que haría sería suprimir 5.000 leyes; leyes que exigen autorizaciones absurdas para el desarrollo de la actividad económica y que están asociadas a la corrupción, que protegen a grupos de presión que defienden sus prebendas, o que anulan la capacidad de los agentes para competir y ser más eficientes. Ni los bazookas ni otras armas pueden sustituir la inevitable tarea de ajustar nuestras economías al escenario en que vivimos.

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