La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

José Antonio Zamora: de la dignidad

Su exposición oxigena: loza frente a plástico, tierra frente a asfalto, arrugas frente a 'lifting', vida frente a simulacro

El miércoles se clausura la exposición de José Antonio Zamora El tiempo sin tiempo en la sala del Cicus de la costanilla de Madre de Dios. Aprovechen la última ocasión. De las fotografías expuestas se me quedan en la memoria de las emociones los rostros y las miradas. Un romero de Camas en un primerísimo plano en el que los ojos traspasan a quien los contempla. Un niño de Minas de Cala que nos mira con curiosidad, inteligencia y desafío. Sobre todo los retratos de dos enlutadas mujeres navarras de Ochagavía, toda la dignidad en sus manos trabajadas que me recuerdan a las de las Hermanas de la Cruz, también presentes en una fotografía que Zamora hizo con las lágrimas saltadas. Una, sentada ante un severo muro de piedra, las apoya abiertas sobre el regazo mientras mira con serena sabiduría heredada a la cámara. La otra también las apoya en su regazo, enlazadas y con un rosario entre ellas. Está sentada en un banco de iglesia, cubierta por una larga toca negra de paño recio que cae sobre un traje también negro. Recuerda a la Virgen que Pasolini hizo interpretar a su madre, una maestra hija de campesinos friulianos, en Il Vangelo secondo Mateo.

Hispania profundissima se llama la sección de la exposición a la que pertenecen estas fotografías. Lo que no debe llevar a error. Se ha generalizado el uso perverso de 'profunda': elogioso cuando se aplica a una novela o una película y despectivo cuando se refiere a un territorio y sus habitantes. Una grosera simplificación urbana. No es esta la intención de Zamora, que en el catálogo de su exposición dice: "Este tópico de la España profunda tiene mala reputación… La persona, el ser humano, es lo que más me interesa… Me atrae más el mundo rural que el urbano, más prostituido… El ambiente rural me interesa más por la verdad que posee y destila". Tampoco hay en sus fotografías el gusto por lo telúrico de ese tremendismo tan español. Hay respeto y amor por esos seres humanos cuyas fotografías define como "retratos de personajes en su entorno". Un entorno que no siempre se ve, por la proximidad de la cámara o el desenfoque del fondo, pero que está en ellos, en sus gestos y miradas, en su dignidad y reciedumbre esculpida por los trabajos. Una exposición que oxigena: loza frente a plástico, tierra frente a asfalto, arrugas frente a lifting, realidad frente a virtualidad, vida frente a simulacro.

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