La ciudad y los días

carlos / colón

¿Justifican la violencia?

LA Justicia está que se sale en este país. Un día el fiscal Horrach y el juez Castro se lían a cachiporrazos como si fueran títeres. Otro día una señoría de la Audiencia Nacional va y suelta que las penas que se imponen a los asesinos etarras son "altas y desproporcionadas" y -lo más escalofriante- que no es exigible un perdón que implique "una necesidad de arrepentimiento absoluto sobre todo en hechos, situaciones o delitos que son consecuencia de planteamientos ideológicos". Sin comentarios. Porque si los hiciera me empapelarían, demostrándose que muchas señorías tienen dos varas para medir la libertad de expresión. Baste como prueba lo sucedido -otra gracia más- con la sentencia absolutoria dictada por la sección primera de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional: asediar el Parlamento catalán, impedir que los parlamentarios accedan a él, agredirles, lanzarles objetos, escupirles e insultarles no constituye un delito porque está amparado por la libertad de expresión y el derecho de reunión. ¿Se imaginan la sentencia si hubieran asediado la Audiencia Nacional y perseguido, pegado y escupido a sus señorías?

En la ponencia se afirma que "cuando los cauces de expresión y de acceso al espacio público se encuentran controlados por medios de comunicación privados, cuando sectores de la sociedad tienen una gran dificultad para hacerse oír o para intervenir en el debate político y social, resulta obligado admitir cierto exceso en el ejercicio de las libertades de expresión o manifestación si se quiere dotar de un mínimo de eficacia a la protesta y a la crítica, como mecanismos de imprescindible contrapeso en una democracia…".

¿Cauces de expresión controlados por los medios de comunicación privados? Mira por dónde Iglesias ha encontrado colegas en la Audiencia Nacional. ¿Es necesario un cierto exceso para dotar de un mínimo de eficacia a la protesta? Un mal pensado podría deducir, según qué interpretación se dé a lo de un cierto exceso, que el fin (la eficacia de la protesta) justifica los medios (violentos). ¿Y cómo miden sus señorías el exceso? Porque lo de un cierto parece una medida imprecisa y por ello abierta a interpretaciones subjetivas. En cuanto a lo de que cercar, insultar y agredir a los parlamentarios es un imprescindible contrapeso en una democracia, nos lleva a los míticos territorios del Wild West y del juez Roy Bean, the Law West of the Pecos.

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