Palabra en el tiempo

Alejandro V. García

'Laudatio'

HABLA mucho a favor de Obama que una de sus primeras disposiciones como presidente de Estados Unidos no haya sido de carácter económico (pese a la alarmante situación financiera mundial), sino de compromiso con la defensa de los derechos humanos. Obama, menos de veinticuatro horas después de la jura presidencial, ordenó la suspensión durante 120 días de todos los juicios pendientes en la base naval de Guantánamo, cinco de ellos contra los acusados de planificar los atentados del 11-S, con el propósito de hacer una profunda revisión de cada uno de los procedimientos en marcha. En Guantánamo aún hay decenas de personas detenidas sin garantías legales.

No ha sido baldía, pues, la promesa que hizo el candidato y que más tarde, ya como presidente electo, repitió sin sombra de duda: había que desmantelar Gantánamo y cubrir con las debidas garantías todos los procesos penales pendientes. Es una pena (y posiblemente una vergüenza) que el previsible cierre del centro de detención caribeño se produzca sin haberse aclarado cuál fue la responsabilidad de los gobiernos europeos con los vuelos secretos y, en concreto, los dos de España.

Pero Guantánamo es solo la primera parte de un compromiso para revisar la política exterior de Georges Bush. "Apenas asuma el cargo", dijo Obama en noviembre, "convocaré a mis jefes de gabinete adjuntos, mi aparato de seguridad nacional, y comenzaremos a ejecutar el plan para disminuir las tropas" en Iraq.

El mismo día, y casi a la misma hora, en que media humanidad saludaba la llegada de Barack Obama a la presidencia de Estados Unidos con una apelación a la esperanza, en la Universidad Cardenal Herrera CEU de Valencia, el profesor Pedro Schwartz, en la laudatio académica de investidura de José María Aznar como doctor honoris causa, volvía a aludir a la intervención armada en Iraq y dictaminaba, que la "amplia oposición social" a la invasión en nuestro país fue producto no de una razonable y mayoritaria resistencia a secundar semejante disparate estratégico y humanitario, sino producto "del miedo de la España de campanario (sic) a implicarse en los asuntos mundiales".

Yo no sé si la coincidencia de la proclamación de Obama con la del doctor Aznar es fruto del mero azar o un conjunción buscada por el ex presidente y los suyos con el ingenuo propósito de amortiguar el descenso a los infiernos de Bush y el declive irremediable de una de sus causas comunes, la intervención en Iraq, que le valió a Aznar su encumbramiento político y, más tarde, sus constantes éxitos académicos como doctor por las universidades privadas del mundo.

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