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Libertad de expresión

Una peligrosa deriva iliberal nos puede llevar a una dictadura que se presente como una Democracia Feliz

En una tablilla mesopotámica ha quedado consignado el chiste más antiguo que se conoce. Es tan escatológico que no vamos a reproducirlo aquí. Y más o menos por las mismas fechas, hace cuatro mil años, en la epopeya de Gilgamesh, el héroe del poema insultaba a la diosa del amor, Ishtar, con palabras que podrían ser consideradas blasfemas: "No te tomaré como mi esposa./ Eres un brasero que se enfría como hielo./ Eres portezuela que deja pasar vientos y corrientes./ Eres fortaleza que se desploma sobre sus soldados". Y en un antiguo papiro de Egipto también se recoge una broma cruel contra un faraón y su afición por las bellas muchachas. En otro papiro se consignan insultos que incluso hoy en día nos parecerían indecorosos. Pero esos insultos y esas bromas escatológicas circulaban y se consideraban normales. Y estamos hablando de culturas que existieron hace cuatro mil años.

Por eso mismo sorprende tanto la obsesión actual por limitar la libertad de expresión. Los reyes de Uruk o los faraones del Antiguo Egipto eran mil veces más crueles que cualquier gobernante actual, pero parecían tener la piel un poco más gruesa en cuanto a los insultos y las blasfemias. Que un actor medio zumbado como Willy Toledo haya acabado procesado por decir tonterías contra la Virgen, o que el Gobierno actual se esté planteando prohibir la apología del franquismo, son muestras de que se está introduciendo entre nosotros una peligrosísima tendencia a limitar la libertad de expresión. Si ahora se prohíbe la apología del franquismo, ¿qué pasaría si un día gobernara Vox con mayoría absoluta y se propusiera prohibir, qué sé yo, los insultos contra la madre patria o la apología -tan extendida entre nosotros- del comunismo? ¿Alguien se ha parado a pensar que cuando se empieza prohibiendo, la lista de prohibiciones puede llegar a ser inacabable?

Sin darnos cuenta, estamos entrando en una peligrosa deriva iliberal -limitaciones a la libertad de expresión, desprecio hacia la autonomía judicial, redacción de leyes a la carta para determinados políticos- que nos puede llevar a vivir en una dictadura que se presente como una maravillosa Democracia Feliz Hecha para las Buenas Personas. Ya están empezando a crear algo muy parecido a un Ministerio de la Verdad controlado por sus propios perros de presa. Mal vamos.

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