palabra en el tiempo

Alejandro V. García

Lindas úlceras

LAS firmas que venden seguros médicos privados están que se salen. De tanto frotarse las manos se les transparenta la piel y se les ven hasta las intenciones. El domingo, dormitando frente a Tele 5, desfilaron en un rato no menos de media docena de ofrecimientos para contratar un seguro particular. Un espectáculo lindo e indoloro. Enfermeras sonrientes y blanquísimas que nos guiñan con complicidad celestial para que nos operemos la próstata; hospitales limpios y vacíos; médicos elegantes, de serie americana, que miran al trasluz las composiciones abstractas de una radiografía como si examinaran un cuadro de Pollock, y pacientes henchidos de salud, tipos satisfechos de sus úlceras sangrantes recién restañadas o de sus cánceres plastificados gracias a los mayores adelantos. La enfermedad reducida a una pasarela de moda. Contrate el seguro, repite la voz, mientras un actor disfrazado con poco de rigor de anciano (mechas canosas, gafas de vista cansada, falsas arrugas) sonríe o se palmea el pecho en señal de salud. No es casual, por supuesto. El negocio privado de la salud, a cinco días del triunfo electoral del PP, toma posiciones para su gran salto.

La sanidad pública está tocada por los recortes de los últimos años pero a partir de ahora será previsiblemente peor (o mejor, depende de para quién). La situación económica es aún más apurada y los recortes mayores. Pero además los gobernantes que vienen cuestionan el concepto de sanidad gratuita y universal. Lo cuestionan, por supuesto, con buenas palabras, con metáforas y muchos matices. Igual que los vendedores de seguros, con la misma refinada sonrisa. Y lo cuestionan con la práctica, abriendo vías de agua en el sector público para que penetren las grandes compañías.

Cataluña, en ese sentido, es una comunidad adelantada. En menos de un año, CiU ha paralizado obras en siete hospitales; ha suspendido el derecho a operarse en seis meses; ha cerrado plantas y quirófanos y las listas de espera se han incrementado hasta extremos extraordinarios. La historia de Carmen Mesa es muy ilustrativa. Carmen murió después de cuatro días dando vueltas de hospital a hospital. En uno de ellos, el Josep Trueta, le diagnosticaron un aneurisma cerebral pero no la intervinieron. Los clínicos le dijeron que lo sentían mucho pero no podían hacer nada, pues el hospital "se encontraba afectado por la reciente reordenación de los servicios establecida desde el departamento de Salud de la Generalitat".

La historia de Carmen Mesa, muerta por desatención, es la publicidad más efectiva para los seguros privados. Con la salud no se juega, se suele decir. Con un par de muertos más similares a Carmen nadie va a perder el tiempo en quejas inútiles. Se busca donde no hay. La única duda es elegir el nombre de la compañía más elegante.

Etiquetas

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios