Gafas de cerca

José Ignacio Rufino

jirufino@grupojoly.com

Llegó Borrell y mandó parar

Que Josep Borrell no sea el líder del PSOE es una paradoja. En realidad, una falsa paradoja: es contrario a la lógica que no lo sea, pero la lógica de la política vigente no parece valorar con prioridad la valía y la trayectoria, y no digamos la talla intelectual. Borrell es el político más cualificado de su partido: ingeniero y economista, doctor; cuenta con varios másteres no ya de verdad, sino de primer orden, es catedrático, dos veces ministro de carteras de primer nivel, presidente del Parlamento Europeo, copadre de la Constitución Europea. Da un poco de apuro echar a pelear estos méritos con los de los líderes de la política low cost, comenzando por el de su jefe, Pedro Sánchez. Cuando se desencadenó hace unos meses la Crisis de los Currículums, y coincidiendo con la moción de censura a Rajoy, Sánchez ofreció un Gobierno ilusionante y en esencia meritocrático. Como el Paris Saint Germain de Neymar, la constelación de figurones del gabinete ha mostrado las vergüenzas de algún que otro perfil mediático, como el de Pedro Duque o Màxim Huerta. Y ha realzado el de los pesos pesados: Calviño, Marlaska y, sobre todo, Borrell.

Parece que su carácter no es fácil, y que ostenta una notoria soberbia, defecto que etimológicamente tiene que ver con la superioridad, en este caso objetiva; hay otros casos, en los que no hay atisbo de algo superiror en los que la soberbia o sus primas la prepotencia y la altanería son de lo más gratuitas y pestilentes. Algunos recordamos con agradecimiento que el primer AVE español fuera desde Madrid a Sevilla. El ministro del ramo, el catalán de ocho apellidos Josep Borrell Fontelles argumentó ante la queja de Cataluña por no ser la prime en el reparto con Física y metáfora: "El AVE al Sur es un vector de futuro".

Y el comandante Borrell mandó a parar esta semana: tarjeta roja al delegado en España del Gobierno de Flandes, Bélgica, Paumans. Ya estaba bien -iban varias- de insultar al Estado español más o menos por lo fino, desde la propia España y con altavoz a Europa. Quién sabe si, en vez de un atribulado y dontancredo nato como Rajoy, hubiera sido Borrell quien hubiese ocupado su actual cartera de Exteriores cuando jueces belgas y alemanes -menores, lejanos e ignorantes de la complejidad del intento de secesión catalana- abofetearon al socio comunitario España y se pasaron por el forro a la Euroorden. Quizá este viejo lobo, avezadísimo en Eurocracia, hubiera movido a su Gobierno a amenazar a Bruselas con ignorar Schengen y hasta mandar a paseo al euro. A exigir respeto.

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