Visto y oído

Francisco / Andrés Gallardo

Según Lucas

AHORA que andamos a vueltas sobre qué misión tienen las televisiones públicas y qué es el servicio público, algunos de los programas más aceptables de La 1 naufragan, pese a los evidentes esfuerzos. En noches como ésta, con el matinal radiofónico Juan Ramón Lucas, es una de las contadas novedades de la nueva programación de TVE que aspira a brindar al espectador un contenido amable, cercano, con intención elevada y con la calidad como objetivo. Lo de la entrevista entregada, con atmósfera íntima y guiños sensibleros, es uno de los formatos más antiguos no sólo de la televisión, sino de la radio añeja. Así que Lucas y su equipo no han inventado nada, pero han puesto los muebles con cuidado, desde la escenografía a las miradas retrospectivas durante la emisión, para jalear un poco el corazón y la memoria del invitado. El otro jueves fue Lolita y recibió un remojón necrófilo sobre el clan Flores que no venía a aportar nada nuevo (ni una imagen ni declaración inéditas), pero complacía a aquellos incondicionales de la parentela de la Faraona.

En noches como ésta, sucesor de Balas de plata y mejoradísima versión del masajeo tailandés de Pedro Ruiz, aporta una hora larga relajada, cuyo voltaje de expectación radica en el propio personaje. Lucas arranca y uno sabe que no van a surgir titulares para mañana, ni grandes descubrimientos en los perfiles, pero invita a tomarse el trasnoche de forma pausada y entreabre una opción diferente a la tantas para este país de viejos. El mayor riesgo se encuentra en la rapidez con que el sofalícola noctámbulo puede cambiar con el mando o que haga zapping directo hacia el catre. En noches como ésta, un pastelito, cumple con su misión de servicio público y entretiene sin molestar. Resultado: escaso interés entre la audiencia.

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