CARMEN Machi ha oficializado su abandono del medio televisivo. Le llaman las tablas. Le llaman los escenarios. Y en ellos se volcará a partir de ahora. Como hizo durante muchos años. La recuerdo, por ejemplo, en Atraco a las tres, una adaptación espléndida de la película original, muy superior a la prescindible Atraco a las tres y media que poco después llegó a los cines.

La Machi confirmó su retirada televisiva en la presentación de La tortuga de Darwin, de Juan Mayorga, en Barcelona. Acabo de terminar un taller de teatro con el autor en la UIMP de Santander con una noticia gratísima. Para abril volveremos a ver a Carmen Machi en el María Guerrero, en una adaptación de un Chéjov que Gerardo Vera ha encargado a Mayorga. También en los territorios de la Magdalena Javier Rebollo, el director de Lo que sé de Lola, anunció que Machi será la protagonista de su segunda película, La mujer sin piano.

Para buena parte de los seis millones de seguidores fieles y de los más de quince esporádicos que ha tenido la serie Aída, el genio de Carmen Machi nacería en Telecinco. Pero no. Ella existía antes. Actriz de raza. Y seguirá después. La película de Rebollo que veremos en 2010 podrá ser vista por veinte o treinta mil espectadores. No creo que sean muchos más. Nada que ver con las estratosféricas cifras televisivas. Ni falta que hace, como ha dicho ella. Y no es que la audiencia esté de más, ni que un actor no agradezca tener un público. Todo lo contrario. Sin sus aplausos, su labor no tiene sentido. Sólo que Aída ha superado todas las previsiones. Ha sido un paréntesis. Un bonito sueño. Pero tal y como le ocurrió a otra de las grandes de la escena, Blanca Portillo, la Machi vuelve a sus orígenes.

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