La aldaba
Carlos Navarro Antolín
Los tontos de las pre-uvas
Le cabía a El Palmar de Troya la constitución cismática de "la Iglesia, Una, Santa, Católica, Apostólica y Palmariana", tras las celestiales manifestaciones en el "Sagrado Lugar del Lentisco de El Palmar de Troya", allá a finales de los 70 del pasado siglo. Tanto, que la Orden de los Carmelitas de la Santa Faz en compañía de Jesús y María sostiene que "la Iglesia verdadera de Cristo dejó de estar en Roma el día 6 de agosto del año 1978 y a partir de entonces, fue trasladada a El Palmar de Troya, al ser elegido Vicario de Cristo, de forma directa por Nuestro Señor Jesucristo, el Papa San Gregorio XVII". Disminuida la celestial pujanza palmariana, El Palmar ha vuelto a estar de actualidad por asuntos más mundanos, acaso pecaminosamente reprobables, aunque la Policía y la Justicia tengan el mayor protagonismo para que, al cabo, se cumpla la penitencia, si se impone y a ser posible con propósito de enmienda. Que el acto de conciencia y el dolor de los pecados acaso den para circunstancias atenuantes, como decir todos los pecados, sean delitos, al juez. Porque se trata, ésta es la cuestión, de extendidos y domésticos cultivos de marihuana en cocheras, patios y terrazas de muchas casas de El Palmar.
Varias consideraciones vienen al caso. Una es la de los efectos imprevistos ya que, aprobada en 2018 la segregación de El Palmar como municipio independiente de Utrera, algunos vecinos dados a la plantación del cáñamo índico -en la jerga, maría- no imaginaban que las fotografías aéreas para deslindar el término municipal captarían, no la velocidad de los coches de alta gama, cual hacen los helicópteros Pegasus de Tráfico, sino los erguidos y ramosos tallos de esas plantas de hasta dos metros de altura, creciendo en el interior de las casas. Otra, la de la reserva de la intimidad doméstica como limitación para evitar o corregir comportamientos delictivos de distinta naturaleza -incluidos los violentos-. Que cada cual cultive lo que quiera entre los muros de su casa, se dirá, pero la planta del dinero, tan cuidada como popular planta de interior que adorna las estancias y florece en este tiempo, es una cosa, y la economía sumergida de la marihuana, otra bien distinta. Algunos de los numerosos detenidos declararon que la maría era para consumo propio, pero se ha comprobado que muchas plantaciones daban para una producción casi "industrial y profesionalizada". Y otra consideración más, aunque se busque la dispensa del buscarse la vida, de la necesidad de padres de familia que quedaron sin empleo por las sacudidas de la crisis, la indiferencia y escaso repudio que se manifiesta ante delitos mayores tiene que ver con los que también se cometen de puertas adentro, sin que la excusa de la intimidad propicie la impunidad.
Vecinos no aficionados a esta floricultura poco decorativa ya habían denunciado el delator tufo de las calles, hasta que las fotografías áreas dieron con el áspero y velloso vergel de la maría.
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