Cuchillo sin filo
Francisco Correal
Zapatos en una panadería
Europa, madre suya, lo sabe todo sobre los males que la emergencia de la extrema izquierda y la extrema derecha conllevan. Las ha sufrido cuando desde 1917 (comunismo), 1922 (fascismo) y 1933 (nazismo) tomaron el poder, el primero a través de las armas y los otros dos de las urnas que rompieron así que lo alcanzaron; a las que hay que sumar las variantes ibéricas del salazarismo (1933) y el franquismo (1939). Las ha sufrido cuando en 1939 el pacto entre Hitler y Stalin, vigente de agosto de 1939 a junio de 1941, dejó al primero las manos libres para invadir Europa provocando la II Guerra Mundial. En Europa Occidental las dictaduras de Salazar y Franco duraron hasta 1974 y 1977. En la del Este el comunismo duró hasta 1990-1991 (y aún hoy Rusia está bajo el gobierno autócrata del ex KGB Putin).
La Europa democrática también ha sufrido los efectos de las acciones de ambos extremos en los “años de plomo” del terrorismo de extrema derecha (Ordine Nuovo, Avvanguardia Nazionale o Nuclei Armati Rivoluzionari en Italia, más raros y tardíos en Alemania por las leyes antinazis hasta la emergencia de Clandestinidad Nacionalsocialista en 1998) y de extrema izquierda (Brigate Rosse, Lotta Continua o Prima Línea en Italia, Fracción del Ejército Rojo en Alemania). A los que deben sumarse IRA y ETA, que siguieron asesinando hasta 2011 (el IRA Auténtico que no reconoció los acuerdos del Viernes Santo) y 2010.
Sí, los europeos sabemos mejor que nadie lo que a lo largo de un siglo han provocado la extrema derecha y la extrema izquierda. Por eso debería preocuparnos, de cara a las elecciones del domingo, el auge de los primeros en la Europa Occidental (Francia, Países Bajos, Italia o Bélgica) y la Oriental (Hungría, Polonia o República Checa) y el menos difundido y estudiado de los segundos, que cogobiernan en España (referencia: La extrema izquierda en Europa Occidental, Edurne Uriarte y Ángel Rivero coord., Tecnos, 2024) mientras la extrema derecha de Vox cogobierna en cuatro comunidades y cinco capitales, y gobierna pueblos de la España vaciada. Permítanme recordar estas palabras de Melquiades Álvarez: “Dictaduras como el bolchevismo y el fascismo tienen una ideología particular muy semejante porque absorben la nación al Estado, al Estado lo identifican con el Gobierno y el Gobierno lo vinculan al poder político personal”. No incubemos huevos de serpientes.
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