POR montera

Mariló Montero

Normalizar lo extraordinario

EL estado de neurastenia que padezco debido a una cabeza acribillada de piojos que, persistente, ronda campante por el colegio de mis hijos, me lleva a prestarles mi higiénica "montera". Se la fío a esos padres que permiten que sus criaturas vayan a las aulas coronadas de ninfas y liendres. Una compañera de mis hijos tiene más confianza con sus piojos que Ratatouille con el aprendiz de cocinero. Como medida protectora, cúbrase con esta "montera" hasta la conclusión de mi denuncia, que le causará más de un picor.

Envidio la seguridad de Rosario Nadal, quien en la portada del Vanity Fair dice que "sabe lo que quiere y cómo conseguirlo". La desesperación es capaz de potenciar mi creatividad de manera inimaginable para conseguir lo que quiero: impedir que una criatura contaminada de piojos, liendres o ninfas acuda a clase para evitar contagios. Que pueda faltar a clase como quien se ausenta por una gripe.

Tengo una tentación, casi irrefrenable, de llamar al flamante teléfono del Ayuntamiento de Sevilla, al 072 Reur, donde los ciudadanos acuden para que un operario arregle los desperfectos que detecten por las calles. Yo lo voy a marcar para ver si mandan un peluquero al patio del centro escolar.

El principal problema surge de una solución. Cuando la sociedad entendió que tener piojos ya no es un estigma social ni de clases, llegó la solución a un asunto que estigmatizaba al individuo y lo avergonzaba. El problema es haber fomentado que "no" es una cuestión de higiene. En esto difiero, puesto que "higiénico" es quien está limpio y se cuida. Si uno tiene piojos debe exterminarlos, ya que no es "higiénico" que permanezcan en una cabeza donde el bicho araña el cuero cabelludo para alimentarse de su sangre. Leyendo la completa documentación que aporta el departamento de salud medioambiental de la Consejería, me sorprendió que la pediculosis sea valorada como una "enfermedad" cuyos agravantes pueden desencadenar diferentes infecciones.

Con los cursos ya iniciados, todos debemos, padres, educadores y la Administración, tomar una determinación seria, rápida y contundente que unifique los permisivos protocolos que existen contra la pediculosis. Primero: que los padres se aseguren cada día de que sus hijos van "limpios de piojos, liendres y ninfas" al colegio, donde estarían obligados a informar de que su hijo está infectado e infestado. Segundo, que el colegio controle la cabeza de sus alumnos y que, en cuanto se detecte pediculosis en un estudiante, se justifique su fulminante ausencia hasta que regrese "limpio" para mantener seguras de infecciones el resto de cabezas. Tercero, que la Consejería de Salud unifique esta norma en toda Andalucía.

Se educa para saber, para saber estar, para ir vestido adecuadamente. Pero, también, para ser responsable. Y esto es responsabilidad de los padres.

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