Alto y claro

José Antonio Carrizosa

jacarrizosa@grupojoly.com

Nubes

Sevilla no ha asimilado el palo tremendo de la crisis que empezó hace una década y ha dejado los deberes sin hacer

El discurso oficial es optimista. No podía ser de otra forma, estamos en vísperas electorales y es lo que toca. Crecimiento sostenido a tasas relativamente altas, sectores como el turismo que si en otros sitios empieza a flaquear aquí sigue para arriba, empleo que con sus altos y sus bajos consolida una recuperación, proyectos de inversión, como la ampliación del Metro o la SE-40, que antes o después se harán… Pero se empiezan a escuchar, todavía en voz baja, algunas voces que no se apuntan a ese triunfalismo un poco infantil y que ya ven en el horizonte más de una nube negra. Son sobre todo empresarios de diversos sectores de actividad que al término del verano están preocupados por cómo han ido las cosas en Sevilla en los últimos meses y que han hecho llegar su alarma a las instituciones. Los datos de empleo de agosto, por ejemplo, han sido malos sin paliativos, los peores en bastante tiempo, y apuntan en una mala dirección. Los bares y los comercios han pasado un verano bastante peor de lo que esperaban. El turismo que llega sigue siendo numeroso, pero de bajo poder adquisitivo y el consumo local da muestras de retraimiento. La burbuja del alquiler, en parte propiciada por el auge de los pisos para visitantes, empieza a pasar factura y se traslada al conjunto del mercado inmobiliario. Faltan proyectos de inversión en la ciudad y el hecho de que tanto la Junta como el Gobierno central retrasen sus presupuestos hará que todo lo que se podría desbloquear vaya a quedar empantanado durante muchos meses. En definitiva, Sevilla no ha asimilado el palo tremendo de la crisis que arrancó hace sólo una década y ha dejado los deberes sin hacer. Una vez más deja al descubierto sus debilidades y acusa una falta de tejido empresarial que la lastra.

Empieza un curso complicado porque la política va a estar centrada en sus campañas electorales y ya se sabe que aquí el impulso de lo público sigue siendo decisivo. Pero se cometería un grave error si dejamos que Sevilla se quede quieta y no aprovechamos el tiempo en el que las cosas todavía pueden ir relativamente bien. Los expertos nacionales e internacionales no dejan de advertir sobre los riesgos de la situación actual, en la que la crisis de divisas de las economías emergentes y la subida de los precios del petróleo son sólo los síntomas que más llaman la atención. Son los vientos de cola que empiezan a dejar de soplar. Las heridas de la crisis que estos día cumple una década están lejos de haberse curado. Sería suicida dejar que otras nuevas vengan a sumarse a las que todavía nos tiene postrados.

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