
¡Oh, Fabio!
Luis Sánchez-Moliní
El pregón de ‘Dom’ Gonzalo
No hace mucho, una compañera de profesión me dijo que nosotros los periodistas, no debíamos ser protagonistas nunca.
Puso mucho énfasis en ese adverbio de tiempo, pero como yo no suelo hacer caso a ciertas advertencias hoy, y sin pedir permiso a la persona que va a ocupar esta columna, me doy la licencia de hacer este humilde homenaje a Paco Correal, nuestro querido Paquiño.
Inconfundible en sus formas y en su escritura. Recorre las calles como la vida: observando, mirando, escuchando, hablando… Sintiendo la pulsión de una ciudad de la que no puede escapar porque, simplemente, la ha hecho suya.
Describe Sevilla como nadie porque la ama y nos la descubre ahondando en lo bueno y en lo malo como cualquier matrimonio y sus desavenencias.
Su gorra lo delata cuando ves venir desde la lejanía su figura elegante.
Siempre va con la prisa de unos pasos que así lo indican. Y aunque yo lo sé, no me resisto a pararlo porque siempre me da una lección de periodismo.
Porque ese es Paco Correal: periodismo, vida y de verdad. Paco es pura coherencia porque es un hombre bueno. Alguien que en otra época y si te estrechara la mano a modo de trato, sabrías que ese apretón lleno de sinceridad sería la firma de los que, y como diría mi padre, “se visten por los pies”.
Pararte con Paco Correal es recibir una clase magistral en toda la extensión de lo que significa este adjetivo. Porque Paco es magnífico. Y lo es porque cuenta con lo que convierte a los hombres en ejemplos de otros: categoría, elegancia y autoridad.
Hace apenas unos días coincidimos en los Premios Fernando Lara. En la puerta nos encontramos él, mi querido Andrés Mellado (otro grande) y yo. Caminábamos tras una noche llena de cultura inmersos en una de esas conversaciones que estás deseando tener con Paco porque sabes que va a hacer un podcast sólo para nuestros oídos.
“Yo me voy en la moto”, dijo Andrés, “Yo caminando”, ese fue Paco. “Pues yo en taxi”, afirmé yo… Y ahí comenzó el relato.
Recordaba, con esa risa socarrona tan suya, cuando estuvo en Sevilla Borges con su esposa, María Kodama. Cogieron un taxi. Paquiño quiso compartir con el taxista la importancia del escritor: “sabe usted que ha tenido la suerte de llevar a un gran personaje de la literatura”.
Ante este comentario del periodista, el taxista le respondió: “pero si yo he llevado en mi taxi a grandes personalidades como Lola Flores o Felipito Tacatún”
Os podéis imaginar la carcajada de Andrés Mellado y mía cuando, además de la respuesta del taxista, Paco nos aclara que Felipito Tacatún era Joe Rigoli, uno de los humoristas más populares de una España que ya se fue y que para muchos es absolutamente desconocida.
Este es Paco Correal y su memoria prodigiosa. En un instante construye una crónica. En un segundo surge la magia con él. La magia del buen periodismo. Ese periodismo auténtico que tanta falta hace en estos momentos. Un periodismo libre que nos hace libres y que contribuye a que nos identifiquemos con lo fundamental de nuestra profesión: la verdad.
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