Editorial

Peatonalizar sin improvisaciones

EL alcalde ha anunciado esta semana que en los dos años de mandato que le restan uno de sus objetivos prioritarios será peatonalizar el entorno urbano del edificio del Cristina. Argumenta que esta operación, a la que se oponen los vecinos de la zona, permitirá que el eje peatonal creado desde la Plaza Nueva a la Puerta de Jerez pueda llegar hasta el Guadalquivir. Nada tiene de negativa la política de peatonalizaciones desarrollada por el Consistorio. De hecho, si hay algo que objetarle es que en demasiadas ocasiones acaba lastrada por iniciativas posteriores que, paradójicamente, reducen los nuevos espacios creados para el peatón: ciertos tramos de carril bici, proliferación excesiva de veladores, cruces de circulación mal ordenados, etcétera... En este caso, al igual que ocurrió con el anuncio de la supuesta peatonalización de la calle San Jacinto, lo que sí debe ser objeto de crítica es el método empleado para anunciar, explicar y sacar adelante estas iniciativas. Extraña manera tiene la Alcaldía de buscar el consenso. De manera similar a lo que pasó cuando se aprobó el plan para blindar al tráfico el centro (todavía por ejecutar), el equipo de Monteseirín improvisa siempre que anuncia este tipo de actuaciones sin pactarlas antes con los agentes implicados: vecinos y comerciantes. Sin hacer ni un mínimo de pedagogía. Una estrategia que sólo consigue enfadar a estos sectores ante la falta de información, la escasa voluntad de negociación o la inseguridad municipal a la hora de articular alternativas que garanticen la movilidad. La costumbre de anunciar estos proyectos a capricho, de forma desordenada y sin concretar nada ni de su diseño ni de su gestión (porque las peatonalizaciones deben ser gestionadas; no basta con decretarlas) no contribuye a afianzar su imagen. Prueba de ello es que hace sólo unos meses pactó con la Junta de Andalucía, que construye la estación del Metro, una reurbanización con tráfico y ahora, de buenas a primeras, quiere quitar la circulación. El gobierno local debe ser consciente de que debe convencer, no imponer sus ideas a los ciudadanos.

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