El balcón

Ignacio / Martínez

Pereza oficial

ASISTIMOS a diario al debate sobre las cosas importantes, como el empleo y la corrupción. Y pasa desapercibido que el ciudadano vive indefenso ante la escasa y enmarañada información que recibe de las administraciones públicas para resolver sus problemas cotidianos. En la era de internet sigue siendo difícil recibir aclaración o consejos útiles de los organismos oficiales. No hay tradición de atención al público. Hay cuestiones que recuerdan el retrato que hacía Larra hace dos siglos en Vuelva usted mañana. Él lo atribuía a la pereza. Hay excepciones muy agradables, pero en el inconsciente colectivo continúa arraigada la idea del empleado público ocioso y la burocracia inoperante.

No se escucha al ciudadano. En preguntas parlamentarias pasa lo mismo. El diputado socialista Manuel Pezzi preguntó al Gobierno por qué no están mejor señalizadas las reducciones de velocidad en las autovías, cuando pasan por confluencias de salida y entrada a la carretera principal. También demandaba por qué no se avisa de la distancia desde los desvíos hasta las estaciones de servicio y por qué no se precisan los precios de las gasolinas, como ocurre en otros países. La respuesta del Gobierno, escrita por un leguleyo, se parece mucho a la parte contratante de la primera parte de Groucho Marx.

En lenguaje burocrático, se explica la reducción de velocidad para quienes abandonan la autovía, pero nada para quienes siguen en la carretera, que era lo que se preguntaba. No aparece ni una palabra sobre precios de gasolinas y hay una referencia a una orden ministerial de hace un año, por la que tendría que anunciarse la distancia desde las autovías a las gasolineras y sus horarios. Algo que no se cumple. Total, que el Gobierno le ha dicho al diputado de la oposición "vuelva usted mañana". Un servidor tuvo ocasión la semana pasada de sufrir incorrectas señales de tráfico. En la autovía de Málaga a Almería, a la altura de Motril se anunciaba un desvío a Almería, que llevaba a una carretera cortada. Y cuando el conductor cogió el camino correcto, después de bajarse y preguntar, le aparecieron dos posibilidades: Puerto de Motril o Málaga; nada sobre Almería, que era el destino. Con muy poco esfuerzo se podría dar un buen servicio en esta materia. No lo hay.

Un lector habitual me envía otro caso. Prepara los papeles para jubilarse y todo voluntarioso se mete en internet para solicitar su vida laboral. Una semana después le llega por correo, pero faltan las cotizaciones. Sigue animoso y se vuelve a meter en el sistema para solicitar las cotizaciones. Pero a los pocos días recibe un mail en el que se le advierte que como son muchos años sólo le envían hasta 2004, ¡que para el resto acuda a una oficina de la Seguridad Social! El interesado se lamenta: si después de varias semanas de trámites y papeleo tiene que ir a una oficina, ¿para qué está internet? La pregunta es si estamos ante casos de pereza como sostenía Larra o es simple negligencia.

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