La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Pese a la pandemia y el Gobierno

No se trata de ignorar muertes y sufrimientos, sino de coger fuerzas para seguir

En Oklahoma fue¡Oh, qué hermosa mañana!; en Carrusel, Nunca caminarás solo, multiplicada su popularidad después que el Liverpool la escogiera como himno; en La feria del estado, Es una buena noche para cantar; en South Pacific, Alguna tarde encantada; en El rey y yo, Silbo una canción alegre; en Sonrisas y lágrimas, Escala cada montaña. Las famosas y extraordinarias comedias musicales que Richard Rodgers y Oscar Hammerstein II crearon entre 1943 y 1959 incluían siempre un himno al optimismo, a la lucha contra las circunstancias adversas -en ocasiones con una importante carga social y política porque esas circunstancias podían ser el racismo en South Pacific o el nazismo en Sonrisas y lágrimas-, en un giro que el compositor Richard Rodgers dio a su carrera durante la Segunda Guerra Mundial.

Oklahoma se estrenó en Broadway en 1943 y Carrusel en 1945. Años oscuros para el mundo y para los Estados Unidos que habían entrado en guerra en diciembre de 1941 y no saldrían de ella hasta septiembre de 1945. Años necesitados de la luz de las canciones, de evasión inteligente para coger fuerzas, resistir y luchar. ¿Qué efecto causaría Nunca caminarás solo tras su estreno en abril de 1945, cuando Christine Johnson, su primera intérprete, cantó: "Cuando caminas a través de una tormenta mantén la cabeza bien alta y no tengas miedo a la oscuridad. Camina a través del viento, camina a través de la lluvia. Aunque tus sueños sean destrozados, camina, camina con esperanza en tu corazón. Y nunca caminarás solo"?

En nuestro confinamiento la canción de ánimo fue Resistiré. En Roma un vecino proyectó sobre la fachada de una casa el Cheek to Cheek de Fred Astaire y Ginger Rogers. La evasión modelo avestruz es perjudicial. Pero sacar un momento la cabeza del agua para respirar y seguir nadando es necesario para no asfixiarse. Nunca brilló más el musical alegre y frívolo que en el Broadway y el Hollywood de los años 30 para ayudar a afrontar la Gran Depresión. Woody Allen lo recreó bien en La rosa púrpura de El Cairo.

En lo que a esta hora de España se refiere no se trata de ignorar los muertos y el sufrimiento, por supuesto, sino de coger fuerzas para seguir adelante. Y también para sobreponerse al desánimo, la irritación y el asco que produce la basura política que este ineficaz y maniobrero Gobierno nos echa encima.

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