Pobrecito mi patrón

Cómo celebrar el patrón de los periodistas sin nombrar a Francisco de Sales

11 de enero 2023 - 01:45

Como el resto de asociados de la centenaria Asociación de la Prensa de Sevilla he recibido el nuevo carnet, en el que como suele ocurrir adelanto unos cuantos puestos por las bajas o decesos de compañeros, la felicitación de las fiestas y las actividades previstas para los próximos meses. Antes de nada, felicitar a los compañeros que el próximo día 24 de enero recibirán el Premio Internacional de Periodismo Manuel Chaves Nogales: Patricia Simón, en prensa; Javier del Pino y Valentina Rojo, en radio; Inmaculada García, en televisión; Emilio Morenatti, en fotografía, junto a las menciones especiales para María José Carmona y Susana Girón.

En ningún momento se explica por qué esa entrega de premios tendrá lugar el 24 de enero, omitiéndose que ese día es san Francisco de Sales, que en marzo de 1923 fue nombrado por la Iglesia, a través del papa Pío XI, patrono de los periodistas y escritores católicos. Se podría haber tenido en cuenta este centenario del patronazgo, con el añadido de que el pasado 28 de diciembre se cumplieron cuatrocientos años de la muerte de Francisco de Sales (1567-1622), un hombre nacido en una familia de alta alcurnia de la Saboya que renunció a las prebendas de la nobleza, a un matrimonio de conveniencia e incluso al apetecible honor de haber sido obispo de París a propuesta del rey de Francia.

Cada 24 de enero tiene lugar la misa por el patrón en la iglesia-convento de las Salesas, donde las hermanas de la orden de la Visitación rezan por los periodistas todos los días del año. La Asociación de la Prensa es muy libre de llevar a la práctica su política de gorro frigio con el laicismo. Si quieren obviar al santo patrón, que elijan otra fecha para festejar el gremio, o ya puestos que propongan la canonización de Chaves Nogales. Pero que no lo oculten como un felpudo antiguo o una rémora de quincalla.

El año que muere Francisco de Sales, la Iglesia sube a los altares a Ignacio de Loyola, Francisco Javier, Felipe Neri, Isidro Labrador y Teresa de Jesús. Yo vi a Alberti por primera vez en el colegio mayor San Francisco Javier de Madrid. El poeta comunista estaba recién llegado de su largo exilio. ¿Cómo separar el Oratorio de san Felipe Neri del templo en el que las Cortes de Cádiz dieron luz a la Constitución de 1812? ¿O cómo borrar en el museo del Prado las referencias a san Isidro, que da nombre a la pradera que inmortalizó Goya en uno de sus cuadros más inmortales?

No se imagina uno al académico Francisco Rico suprimiendo de su Breve Biblioteca de autores españoles el capítulo dedicado a Santa Teresa de Jesús y su Libro de la Vida, de cuya exégesis literaria se encargaba nada menos que Javier Marías. En cuanto a san Ignacio de Loyola, fundó la Compañía de Jesús sin la que no se entienden los vaivenes de este país y sin cuyo aliento, según palabras del propio autor irlandés, no contaríamos con el Ulises de James Joyce.

Nombrar a Francisco de Sales no es ninguna concesión al clericalismo, no es ponerse de hinojos ante ningún Santo Oficio, es simplemente reconocer lo juntos que han caminado los grandes modelos de la Iglesia con los avances de la cultura universal.

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