Editorial

Primero la investidura, después los PGE

DURANTE las últimas semanas hemos defendido la importancia que tiene para los intereses generales del país que se eviten unas terceras elecciones generales, las cuales sólo supondrían una pérdida de tiempo y recursos, así como un descrédito ante la comunidad internacional y un mensaje negativo para los inversores extranjeros. Por una mera cuestión de aritmética parlamentaria, la única manera de esquivar los comicios en diciembre es mediante la formación de un Gobierno presidido por el PP, para lo cual el PSOE tendría que colaborar con, al menos, la abstención de algunos de sus diputados. Así lo exige el más elemental sentido de Estado y de patriotismo.

Pues bien, se puede afirmar que el PSOE está cumpliendo con su parte pese a que le ha costado una crisis interna de primera magnitud que casi acaba en escisión y que, ni mucho menos, se puede dar por cerrada. Los socialistas han demostrado que están profundamente comprometidos con la viabilidad del sistema. Por su parte, el PP ha mantenido hasta ahora un discreto silencio y no ha querido hacer sangre con la situación.

Sin embargo, ahora hay que dar un paso más. Todo indica que, tras el próximo Comité Federal, el PSOE dará vía libre a alguna fórmula para facilitar un Gobierno de los populares. Por tanto, le toca ahora al PP facilitar en lo posible esta difícil decisión al Partido Socialista. Pretender, como ya se anuncia desde algunos sectores del PP, que el PSOE les dé prácticamente un cheque en blanco no es un buen camino. El PP tendrá ahora que demostrar una gran cintura negociadora y ganarse día a día los apoyos no sólo del PSOE, sino de otras formaciones como el PNV.

Lo principal, lo más urgente, es la investidura de un presidente del Gobierno antes del 31 de octubre. Luego habrá que abordar sin demoras la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado (PGE), y ahí los populares no deben hacer oídos sordos a las peticiones de la oposición.

Lo que no puede pretender el presidente Rajoy y sus compañeros de partido es que, sin mayoría absoluta, los demás partidos bailen continuamente a su son. Éste es el momento de sacar brillo a la política parlamentaria, de negociar hasta el agotamiento, de ser conscientes de que la ciudadanía le ha dado al PP una victoria precaria con la que puede gobernar, pero no usar el rodillo. La responsabilidad y el sentido de Estado también hay que exigírselas al PP.

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