Por montera

Mariló Montero

Rafita, nombre de criminal

30 de enero 2010 - 01:00

DESCONOZCO quién le bautizaría como Rafita. Puedo suponer que el diminutivo de su nombre original, Rafael, podría surgir de la actitud cariñosa de los padres que tienden a llamar a sus bebés en diminutivo, para multiplicar el mimo. Pero sabiendo, como él mismo ha contado, que se crió en medio de una familia desestructurada, sus padres no le verterían ningún afecto. Así pues, Rafita podría venir de un bautizo callejero entre delincuentes juveniles, quienes suelen condecorar a sus líderes anteponiéndoles, además, el artículo El. El Rafita suena a nombre delictivo; para ser más exactos, a nombre de criminal. Después de hacerse famoso como asesino por violar, atropellar y quemar viva a la niña Sandra Palo, a muchos padres con hijos llamados Rafa se les habrán quitado las ganas de hablar a sus hijos en diminutivo.

El año pasado, la revista Social Science Quarterly se dedicó a examinar la relación entre la popularidad del nombre de pila en los adolescentes y la tendencia a cometer delitos. Los resultados concluyeron que, independientemente de la raza, los jóvenes con nombres de pila poco comunes son más propensos a cometer actos delictivos. Conclusión de un estudio estadounidense que a nosotros, en España, nos resulta del todo inútil. No conozco ningún estudio español que se haya entretenido en dicha asociación en apariencia inservible. Rafael es un nombre común que este asesino ha manchado y que no implica que quienes así se llaman sean tendentes a los delitos.

Rafita es un criminal con nombre y apellidos comunes. Por sus actos, en nada influye su nombre. Tiene un rostro común, pero una soberbia singular. Sus ojos y sus declaraciones delatan su indiferencia por haber matado, robado, delinquido, desobedecido, retado a la sociedad e instituciones. Aún más, habla del asesinato de Sandra como un "error". Así de simple. Un "error", como quien ha estrellado un vaso contra la pared. En su caso no hay más equivocación que el castigo impuesto a este asesino que en mayo campará totalmente a sus anchas -que ya lo hace. Está bajo una vigilancia inexistente y sigue cometiendo robos con una soltura que debería avergonzar a la Justicia que le da libertad al cabo de su último delito. Un caso insoportable, intolerable para todos. Una cadena de traspiés inagotable que no justifica sus crímenes ni que esté en la calle para seguir cometiendo otros más.

Rafita debería ser el detonante para resolver una ley indigna. Rafita es culpa de sus padres, de la Administración, del Estado, de él mismo, de las leyes que permiten que este asesino habite entre nosotros poniéndonos en peligro. Se dice que no hay que legislar en caliente, pero, ¿por qué no se legisla en frío? Este caso es un insulto para todos, ante todo para un nombre inocente, Sandra y para su familia.

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