La crónica económica

Gumersindo Ruiz

Recomendaciones de inversión

LA semana pasada tuve ocasión de escuchar al profesor William Sharpe, Nobel de Economía en 1990, en la Fundación Del Pino, donde nos habló sobre los mercados globales de capitales desde la perspectiva de los inversores. El profesor Sharpe ha realizado aportaciones muy significativas a la teoría de las finanzas, sobre todo estableciendo criterios para seleccionar una cartera teniendo en cuenta riesgo y rentabilidad.

Esto resulta muy útil si comparamos dos fondos de inversión de la misma clase, que han tenido la misma rentabilidad durante un periodo, pero en uno se ha conseguido con una cartera que oscila menos que la otra; en este caso resulta más conveniente escoger el que obtiene la misma rentabilidad pero con menos riesgo.

Pude comprobar en la conferencia cómo los artífices de la teoría financiera, que viene de principios de los años 60, siguen descansando en series históricas, valores medios y probabilidades, mercados que son eficientes ya que la información está disponible para todos y, en suma, que el precio que al final resulta para una acción o titulo es un "valor verdadero" que refleja la voluntad de millones de agentes.

En un mercado así quizás sería interesante -y el profesor Sharpe hizo hincapié en ello- invertir según un índice, que refleja el valor real de la bolsa, o también el consenso. Durante algunos años tuve ocasión de trabajar con un modelo que seguía el consenso revelado del mercado en España y Europa y batía sistemáticamente a los índices. En vez de seguir al índice, que consolida la opinión pasada del mercado, recogíamos y analizábamos las expectativas sobre su evolución futura. En ambos casos el coste es más reducido que invertir de forma activa.

Hay un aspecto que eché de menos en la presentación, y es que no mencionó el papel del crédito en la inversión, que en los últimos años ha movido la bolsa al ritmo de las compras con crédito; además de los fondos de inversión y estructuras que han invertido fuertemente apalancadas originando problemas que ahora sufrimos.

Sharpe concluyó dando cuatro claves para los inversores. La primera, diversificar, lo que podemos interpretar hoy día como no concentrarse en ninguna inversión. La segunda es economizar en cuanto a comisiones de gestión y excesiva movilidad que origina gastos y pago de impuestos. La tercera es personalizar en cuanto al tiempo que queremos mantener la inversión, riesgo que podemos asumir, y destino final que queremos darle. Y, por último, contextualizar, lo que significa interpretar la situación en que nos encontramos.

Este último aspecto es fundamental hoy para una recomendación de inversión, pues el propio Sharpe distinguió en su día el riesgo específico de una inversión, del riesgo sistemático de la economía en su conjunto. En estos momentos la situación de los mercados es confusa respecto a casi cualquier tipo de inversión, no existen valores refugio, y hay que estar dispuestos a perder incluso en aquello que objetivamente parece bueno. Sin embargo, el riesgo se valora más y mejor, y se abren buenas oportunidades en los depósitos y la renta fija de calidad, a plazos no muy largos, pues los tipos de los bonos han de subir, sin duda.

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