Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Reconociendo unos méritos indudables

AMANECE un día grande para ese sevillismo señorial y que merece la pena. Hoy, festividad de San Bonifacio, llega marcado en rojo un día que deberá alcanzar carácter de efeméride así que vayan pasando los días, los meses y los años. Uno de esos días que aunque hayan tardado en llegar siempre serán calurosamente bienvenidos porque en él van a concitarse todas las atenciones en un sevillista que merece muy mucho la pena.

Este mediodía, en la zona más distinguida del estadio Ramón Sánchez Pizjuán, se arropará la figura de un hombre que, desde la humildad y la eficacia, supo sacar al Sevilla de un atolladero que se antojaba insuperable. Un hombre que había empezado a estar cerca de las decisiones en el ocaso de Luis Cuervas y que se hizo cargo del club cuando iba despeñándose sin remedio para su último descenso a Segunda División tras unos años de gestión errabunda y desmañada.

Ese hombre que hoy recibe el reconocimiento pleno de consenso y calurosamente sevillista es Roberto Alés, el hombre que puso cordura en la entidad para que su sucesor hiciese el resto. Un resto a cargo de José María del Nido que no fue poco, ni muchísimo menos, pero que quizá hubiera sido aún más complicado de no haber mediado la encomiable labor de Alés. Un resto brillante que había sido cimentado en el trabajo, la seriedad y el acierto del hoy homenajeado.

Hay quien cree que este homenaje llega tarde y ahí se encuentra Pepe Castro, el padre auténtico de lo que hoy se celebra. Otros piensan que la figura de Roberto Alés nunca estuvo arrumbada en ese triste rincón donde habita el olvido. El resto, un servidor en ese apartado, piensa que nunca es tarde si la dicha es buena y también que en estos doce años siempre se reconoció al presidente de la dignidad. Todos tienen razón y todos coincidimos en que el merecimiento es indiscutible.

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