José Ignacio Rufino

Recuperar a los Robson

ALISTAIR Robson y su encantadora esposa Miranda estaban a punto de seguir los pasos de varios de sus colegas de backgammon, pub y paseos por el parque. Tras décadas de trabajo y crianza de los hijos, y llegada la edad del retiro, estaban a punto de adquirir una vivienda en la Costa del Sol para pasar en ella largas temporadas, volando de vez en cuando a Londres para echar un ojo y, en el fondo, para volver a desayunar por unos días genuinas tostadas de english slice bread, extraordinarias lonchas de bacon crujiente y té hecho con agua de grifo londinense.

Las noticias del Caso Malaya, otros ecos de corrupción política desatada, más algunos sobredimensionados brotes de gangsterismo allí y en otras zonas de Andalucía, fueron tratados de tal manera en los tabloides británicos -esos periódicos con chica maciza en la contra- que acabaron por disuadir a nuestros jubilados británicos de comprar una casa en el Sur de España. Tras quedarse quietos, consideraron otros destinos, descartando aquellos masificados y más perpetrados que planificados lugares, como algunos mamotretos urbanísticos en los que no falta de nada ni nada es de buen gusto, en Alicante, Murcia o Castellón.

Siendo el sol y la seguridad los criterios principales de decisión, la más tranquila, respetuosa y silenciosa Portugal ganaba enteros como destino de su tiempo y su ahorro en su esa fase de la vida que, al parecer por narices, tiene que calificarse de dorada. El Caso Madeleine terminó de paralizar su bolsillo y convencerlos de que quedarse otra temporada en Londres paseando a su corgi por las envidiables praderas urbanas de su ciudad era, sencillamente, lo más sensato. Como Miranda y Alistair, muchos otros jubilados se encargaron de tirar por tierra las previsiones de la región sobre el turismo residencial (término, impreciso donde los haya, que sirve para básicamente para englobar a los jubilados que eligen destinos cálidos en el extranjero para retirarse).

De hecho, según datos de Turismo Andaluz en 2003, las previsiones de turistas residenciales en Andalucía para 2010 era de un millón de personas. Hace seis años, también existía burbuja en las previsiones: el optimismo era inquebrantable. Por citar dos datos que resaltan la importancia de estos visitantes para nuestra economía regional, el turismo residencial que recibe nuestra comunidad autónoma genera la mitad de los puestos de trabajo del sector y, en concreto, se valora en más de la mitad del tráfico aéreo que recibe Málaga la proporción que se encuadra dentro de dicha categoría. Esta semana, una asociación patronal califica de "crítica" la situación de una industria que vive de la tercera edad de la Europa rica. Lejos de las previsiones de 2003, el sector ha sufrido una caída del 50 por ciento con respecto a 2007, y ya venía sufriendo caídas más leves en los años anteriores. El 2009 que estrenamos, en fin, no será tampoco un buen año, lo cual no es privativo del turismo, a tenor de la práctica totalidad de los pronósticos sectoriales.

Dado el peso decisivo que tiene el turismo para la economía regional, urge recuperar a los Robson, una fuente por ahora imprescindible de empleo y riqueza para Andalucía. Es obvio que hay causas no controlables que explican el descenso del gasto e inversión del turismo residencial para mayores. Pero hay otras que nos son propias o en las que pueden influir gobernantes y empresarios: el precio excesivo, la patética imagen bananera de demasiados consistorios y, en menor medida, el tancredismo bancario también están desplumando a la gallina de los huevos de oro.

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