Repunte mortal en las carreteras

EL número de víctimas mortales en accidente de tráfico aumentó la Semana Santa recién concluida respecto al del año anterior. En la operación especial de Semana Santa, que contabiliza los siniestros entre las 15:00 del Viernes de Dolores y las 20:00 de ayer, se produjeron 28 muertes, dos más que en el mismo periodo festivo del año anterior. Este aumento de la siniestralidad viene a confirmar el incremento que ya se puso de manifiesto el pasado mes de marzo respecto al mismo periodo de 2013, al pasar la cifra de fallecidos de 69 a 91. Y los primeros datos de abril también apuntan a que la luctuosa estadística empeora. La cifra de muertes en Semana Santa lo corrobora, aunque de forma menos pronunciada. Este repunte mortal se produce cuando la tendencia desde hace años era la contraria, una reducción paulatina de los accidentes con fallecidos que acaso empieza a revertirse. Distintas medidas combinadas habían logrado una importante reducción de la mortalidad en las carreteras: el carné por puntos, el endurecimiento del reproche penal a los conductores infractores, más medios y mejor organización de la Guardia Civil de Tráfico y la concienciación social mediante campañas publicitarias. ¿Qué ha cambiado para que se produzca esta regresión de graves consecuencias? Las medidas legislativas siguen en vigor, el celo de la Guardia Civil sigue vigente (esta misma Semana Santa ha estrenado un segundo helicóptero capaz de ver desde el aire cualquier infracción a bordo de un automóvil, especialmente las que generan distracción) y no parece que la forma más responsable de conducir que se había logrado haya cambiado repentinamente. Algunos expertos apuntan a dos factores que podrían estar influyendo, ambos relacionados directamente con la recesión económica. De un lado, un peor estado de la red vial, consecuencia de una drástica reducción de las inversiones en mantenimiento: es común ver firmes en mal estado, incluso con baches en las autovías. De otro, un envejecido del parque móvil. La población alarga la vida de sus vehículos e incluso los cambia por otros usados ante la falta de recursos para adquirir coches nuevos. Son factores evidentes, pero no hay datos definitivos sobre si realmente son los causantes exclusivos del repunte mortal. Lo sean o no, mejorar el estado de las carreteras y las autovías e incentivar aún más la compra de vehículos nuevos (que normalmente no supone mayor gasto porque el aumento de ingresos tributarios lo compensa con creces) sólo pueden contribuir a mejorar la seguridad vial. Recuperar la tendencia de reducción de muertes hasta límites aceptables (asumiendo que es imposible evitarlas todas) es el reto.

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