La ciudad y los días

carlos / colón

Revolucionar en tiempos 'pechotes'

NADIE sabe cómo acabará esto. Pero todos intuyen que no lo hará bien. La duda está en si acabará mal, muy mal o catastróficamente. Porque bien, es muy difícil que lo haga. No sólo por el alud de corrupción que está ahogando -o lo ha hecho ya- la vida pública española: 38 detenciones en menos de un mes. No solo por el deterioro de los partidos "tradicionales" y el auge de un populismo muy oportunamente alzado como pararrayos del cabreo colectivo. No sólo porque este pararrayos se parezca al del laboratorio del doctor Frankenstein y utilice la energía captada para dar vida a un monstruo creado a partir de trozos de ideologías muertas.

No sólo por estas graves cosas es muy posible que todo acabe mal, sino por otras que parecen risibles pero son igualmente serias. Porque este país que se sobrecoge solidariamente ante la suerte de la afectada por el primer contagio de ébola es también el que llama asesinato al sacrificio (necesario o evitable: ésa es otra cuestión) de su perro y pone velitas por el chucho en la puerta de su casa. Porque este país indignado, desmoralizado y apabullado por el alud de casos de corrupción es también el del pequeño Nicolás y La Pechotes, nueva reina de las redes sociales cortejada por las televisiones con ofertas de 30.000 euros. Porque este país parece transitar con naturalidad de la telebasura a la telepolítica, compensando por igual a frikis y revolucionarios con audiencias e intenciones de voto millonarias.

¿De la política basura, responsable de los escándalos que sufrimos, a la telepolítica? Sería un viaje penoso a ninguna parte. Esta "revolución" que, según lo que se ha filtrado de la encuesta del CIS que hoy se debería hacer pública, se ha merendado a IU y al PSOE, está a punto de comerse al PP como cena y se ha convertido en la primera fuerza política en intención directa de voto; esta "revolución" engendrada en el 15-M, crecida en las redes y lanzada sobre todo a través de La Sexta y Cuatro; esta "revolución", decía, ¿tendrá a La Pechotes como imagen de la Libertad guiando al pueblo y al pequeño Nicolás como el niño empuñando dos pistolas que la acompaña en el cuadro de Delacroix?

Tal vez estemos confundiendo realidad y ficción, política y espectáculo, convertidos de ciudadanía en audiencia. Aproximándonos a la Italia de Berlusconi y Beppe Grillo: dos subproductos político-mediáticos nacidos del universo televisivo y las redes.

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