La crónica económica

Rogelio / Velasco

Ruptura en el circuito de crédito

QUE uno de los aspectos más negativos -y de cuya solución depende, críticamente, la salida de la crisis- es el de las graves distorsiones que se están produciendo en el circuito de financiación desde los bancos a las empresas y familias, es obvio que empezamos a sufrirlo todos los ciudadanos de a pie.

En circunstancias normales, los bancos analizan los créditos que conceden a otros bancos y al sector real, de acuerdo con métodos que ponderan, sobre todo, el riesgo específico de cada operación. Sin embargo, en las circunstancias actuales, el riesgo sistémico pasa al primer plano, porque afecta a gran cantidad de agentes -otros bancos, familias y empresas- que en otros escenarios no sucedería.

Una de las consecuencias más negativas de ese escenario es que sectores enteros y familias -que no han generado la crisis- podrían obtener financiación para planes de inversión y consumo antes de la crisis y ahora no lo obtienen. Se genera un círculo vicioso, que afecta gravemente al sector real y al mercado de trabajo. La opción que los bancos centrales están eligiendo -ahora como en el pasado- es la de aumentar notablemente la financiación a los bancos que lo solicitan para que éstos, a su vez, puedan financiar a empresas y familias, a tipos de interés anormalmente bajos. El problema es que con riesgos que afectan a todo el sistema, aquéllos no prestan y, cuando lo hacen, añaden una prima por riesgo que hacen inviables muchos planes de consumo e inversión.

Agotadas las vías tradicionales de financiación, las autoridades, en su afán por suministrar liquidez, están aceptando, como garantías de esos préstamos a los bancos, títulos que están respaldados por hipotecas que se han concedido a particulares. Tanto en EEUU como en Eurolandia, los bancos centrales han estado aceptando los títulos a su valor nominal, cuando, en realidad, muchos de ellos tienen un valor real muy inferior, porque muchas familias no pueden pagar las hipotecas.

Intentando poner orden, el BCE dictó recientemente unas normas que van a restringir el volumen de crédito al sector privado. En primer lugar, los títulos que los bancos presenten para descontar y obtener liquidez van a sufrir un descuento de entre el 12% y el 17%. Segundo, no serán descontables los títulos en los que el emisor garantice, a su vez, el pago o cuando las entidades que vendan y compren tengan vínculos accionariales próximos (cuán próximo es un misterio). Y tercero, el rating de los que se descuenten se ha elevado; con los catastróficos errores cometidos por las agencias de calificación, esta restricción es tan laxa como inútil.

Estas medidas afectan especialmente a países con sectores inmobiliarios sobredimensionados. Entre julio de 2007 y el más reciente, la solicitud de créditos al eurosistema de los bancos españoles ha pasado del 4% al 11%. Aun cuando esta cifra se aproxima al peso de nuestra economía en la Zona Euro, es significativa del colapso de vías tradicionales de financiación y del recurso a otras extraordinarias.

Los bancos van a seguir obteniendo recursos del prestamista en última instancia para evitar el colapso del sistema. Pero prepárese para pagar los créditos a mayores tipos de interés.

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