Crónica personal

Pilar / cernuda /

Salarios en versión Montoro

DICE Cristóbal Montoro que los salarios no bajan sino que están moderados en su subida. Hombre, no. El ministro de Hacienda pierde toda su credibilidad con una falacia de esa categoría. Los datos son tozudos, y no había pasado un cuarto de hora desde que pronunciara esa frase para que circularan los datos ofrecidos por el Instituto Nacional de Estadística, organismo del Gobierno.

Si a Montoro le observan con ira la mayoría de los españoles por su durísima política de ajustes, el incremento de impuestos -eso sí- y la subida del IVA, ahora le mirarán también con el escepticismo que se reserva para las personas que dicen lo que conviene y no lo que es. Por otra parte, demuestra el ministro que no trabaja ni vive a pie de calle, porque en caso contrario no se comprende que pueda decir, nada menos que en sede parlamentaria, que los salarios no bajan. Qué más quisieran los millones de españoles que para impedir la quiebra de sus empresas en peligro han aceptado rebajas sustanciales, o simplemente se les ha indicado que no había dinero para pagar lo anteriormente convenido y si no estaba de acuerdo alguien habría para cubrir su puesto. Por no hablar de los funcionarios, a los que han congelado salarios en los presupuestos anteriores y eliminado pagas extras, que es una rebaja salarial diga lo que diga el ministro de Hacienda. Los propios ministros han visto congelados sus salarios, lo que está bien en estos tiempos de crisis, sobre todo cuando el Gobierno decreta tal cantidad de recortes. Ellos mismos, por tanto, han tenido que advertir que una congelación significa reducción de ingresos, porque los costes de todo lo sustancial, incluido el recibo de la luz, han subido como bien debería saber el ministro de Hacienda.

La afirmación del ministro fue recibida con risas sarcásticas en un hemiciclo revuelto por la presencia de un grupo de mujeres que con los pechos al aire reivindicaban el derecho al aborto. Un defensor a ultranza de Cristóbal Montoro apuntaba un tanto al ministro: gracias a su comentario, decía, se hablaba más de los salarios que de la escena protagonizada por las feministas. Tenía razón en que la frase del ministro dejó en segundo término la algarada proabortista, pero el ministro de Hacienda ha demostrado un desconocimiento absoluto de cómo se respira fuera de su despacho, del problema que supone para millones de familias españolas que llegue un padre o un hijo a casa con el anuncio de reducción salarial.

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