Alto y claro

José Antonio Carrizosa

jacarrizosa@grupojoly.com

San Telmo, La Moncloa y Sevilla

Tanto en los Presupuestos del Estado como en los de Andalucía Sevilla queda, una vez más, postergada

Andan estos días en el Palacio de San Telmo y en el de la Moncloa ocupados con negociaciones más o menos discretas para sacar adelantes los presupuestos de Andalucía, en el primer caso, y los del Estado en el segundo. Los dos gobiernos aseguran que son unas cuentas destinadas a salvar la economía del duro embate de la pandemia y a apuntalar el sistema sanitario y lo poco que va quedando del estado del bienestar. Eso lo hace el Gobierno de Madrid cediendo lo que tenga que ceder a las pretensiones de los separatistas catalanes y sus otros socios de investidura y el de Sevilla pasteleando con Vox hasta donde haga falta. Aunque conviene anotar una diferencia: mientras en los acuerdos para sacar los nacionales se juega con las cosas de comer, como la educación o el posible indulto a unos presos condenados, en los autonómicos las condiciones que pone la extrema derecha encima de la mesa no dejan de tener un aire infantiloide como el de cambiarle el nombre a Canal Sur, donde quizás habría que cambiarlo todo antes de meterse con el nombre.

Tanto por el origen de los gobiernos que lo han elaborado como por las alianzas que se deberán tejer para sacarlos adelante, son dos presupuestos bien diferentes. Pero por lo que toca a lo que tenemos más cerca, con un denominador común: los dos pasan de largo de Sevilla, de los proyectos que llevan años estancados y que hubieran sido muy útiles para que ahora los rigores de la pandemia no nos hubieran puesto en la situación de que quitarles horas a los bares o cerrar algunos hoteles sean vistos con caracteres de una debacle de fuerte impacto social. Una ciudad construye su entramado empresarial, que es en definitiva el que proporciona empleo y calidad de vida sobre una base de infraestructuras de todo tipo, desde la de comunicaciones hasta la sanitaria. Y Sevilla lleva décadas abandonada en este sentido. El Estado todavía piensa que con el esfuerzo que se hizo en 1992 ya ha cumplido para siempre. El ejemplo de los túneles de la SE-40 es el más claro y del que nos hemos ocupado los medios de comunicación, pero no sólo de carreteras vive una ciudad como ésta: miren el abandono de la comunicación ferroviaria con el Aeropuerto o la postergación infinita de la ampliación del Museo de Bellas Artes, que podrían ser el comienzo y el final de una lista interminable. Tampoco la Junta parece que tenga a Sevilla entre sus prioridades estratégicas. Las partidas para el Metro son puramente testimoniales como también las destinadas, por fin, a la puesta en marcha parcial del Hospital Militar.

En algo coinciden, pues, la Moncloa y San Telmo. Pero sería conveniente analizar si esa coincidencia no es sobre todo culpa nuestra y de nuestra escasa capacidad para reclamar lo que creemos justo.

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