¡Oh, Fabio!
Luis Sánchez-Moliní
Hotel España
PEDRO Sánchez nubla la razón de sus contrincantes, no es la suerte la causa de sus éxitos, sino un superpoder táctico, como la kriptonita empleada contra Superman. Sus enemigos se desorientan, se dejan dominar por la furia, se vuelven ciegos de la ira e incapaces para analizar los movimientos estratégicos del Lázaro de la Moncloa. Feijóo se está cociendo a fuego lento como un huevo en un cazo, y de nada han valido los intentos del PSOE caoba por rescatarle del fuego, González y Guerra se están quemando con el gallego.
Verán, la sartén por el mango no la tiene Carles Puigdemont, sino Pedro Sánchez, es el fugado de Waterloo el que se ha convertido en rehén del candidato socialista. Piensen sin ira: si se repiten las elecciones generales el 14 de enero, ¿qué será de Puigdemont? Que se pudrirá entre mejillones por no haber aprovechado la oportunidad histórica de salvarse él y de alcanzar algún acuerdo con el Gobierno. Si Feijóo no se hubiese prestado a acudir en primer lugar a la investidura, el huido podría haber prorrogado las negociaciones hasta llevar a España a una crisis institucional, puesto que la Constitución no determina el plazo entre el día de las elecciones y la primera votación en el Congreso. Una vez pasado lo de Feijóo, Puigdemont tiene dos meses para decidir. Si no lo hiciese, se repetirían unas generales de resultados inciertos donde lo único seguro es que Junts perdería la palanca aritmética de sus siete escaños.
El cortejo de hiperventilados contra Sánchez le ataca por lo que Carles Puigdemont ha reclamado en su intervención en el Parlamento Europeo, por una propuesta de máximos de la que se ha caído el referéndum de autodeterminación. Lo del lehendakari, Íñigo Urkullu, no es más que un artefacto con el que trata de marcar la agenda de la próxima campaña electoral vasca, porque lo de la convención no lo entiende ni él.
Queda, por tanto, la reclamación de Puigdemont de la amnistía, que es muy complicada, si no imposible, aunque los independentistas podrían aceptar algún que otro sucedáneo. Es complicada en lo jurídico y muy peligrosa en lo político si la opinión pública lo percibe como una humillación. Yolanda Díaz ha contribuido a la escenificación de una rendición inasumible.
Quien tiene el botón rojo de una repetición electoral es Pedro Sánchez, no Puigdemont, y demasiado pronto se ha dado por descartada una posibilidad que el presidente utilizará si se dan las condiciones. Alguien que recurrió a una estrategia tan audaz como temeraria de convocar elecciones la misma noche del 28-M lo puede volver a hacer. Y sus enemigos no lo ven.
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