Puntadas con hilo

María José Guzmán

mjguzman@grupojoly.com

Sevilla, una emoción compartida

El gran reto de Espadas es evitar el despiste y propiciar una gran alianza entre lo público y privado

Sevilla es un sentimiento. Imposible de explicar añade la letra de las célebres sevillanas de Los Marismeños. La frase suena a cliché y hasta se convirtió en el soniquete, con acordes flamenquitos, de la última campaña electoral de Juan Espadas. Pero, dejando el marketing a un lado, no se pude negar que hay una emoción colectiva de ciudad que, cuando aflora, se convierte en un poder imbatible. El actual gobierno ha reeditado el concepto y prefiere hablar de la Sevilla compartida, que equivale a la suma de orgullos que hacen realidad esa ciudad soñada.

La pandemia chafó los planes de Sevilla y también del equipo de Espadas que, recién estrenando su segundo mandato en minoría, partía con grandes ventajas. Con toda la crítica necesaria y sin obviar que hay muchos aspectos mejorables, la ciudad comenzó este fatídico año en la cresta de la ola, con un posicionamiento envidiable que algunos se negaban a creer, zafándose del alcalde cuando hablaba de resituar a Sevilla en el mapa. Pero ahí están los indicadores; sí, también los que apuntan a los barrios marginales y la pobreza. Precisamente el reto era equilibrar esa balanza y Sevilla avanzaba con grandes expectativas de mejorar el bienestar general.

Y ahora el desafío sigue siendo el mismo, pero con un añadido: hay que evitar el despiste y que la ciudad baje escalones. El Covid-19 ha supuesto un frenazo global y, por tanto, será la forma y el tiempo de recuperación lo que marque ahora las diferencias. Adelantarse dará ventaja. Sevilla había hecho sus deberes y los ha completado durante los primeros meses de la pandemia. Lo ha demostrado en el sector turístico, donde ha conseguido una alianza público-privada sin precedentes. El siguiente reto es ponerla en marcha, a pesar de que el viento sigue soplando en contra, en ello trabajan sin descanso profesionales como Juan García, tendiendo los puentes entre las empresas y la administración. Porque levantarse tras este envite no es algo que pueda lograr sólo el gobierno municipal. Ya no se trata sólo de resistir, sino de reaccionar y hacerlo con la máxima unidad. "Todos a una", dijo el alcalde la semana pasada en el acto de entrega de las medallas de la ciudad lanzando el guante a la oposición y a la sociedad civil representada en la ceremonia, pidiendo compromiso cívico con una estrategia que ya está definida.

Esta semana se presentará la adaptación a la nueva realidad del Plan Estratégico de Sevilla, en el que se venía trabajando. El deseo es que no se quede sólo en el papel, como ha ocurrido en otras ocasiones. Sólo la voluntad política no basta y, por ello, el gran reto de Espadas es lograr que los otros políticos, los empresarios, los inversores y la sociedad en general arrimen el hombro. Será la prueba de fuego para alguien que se autodefine como un hombre de consenso y demostrará si hay o no un modelo de ciudad que se apoya en polos industriales que ya tiene Sevilla, como la Cartuja o el Puerto y también, por qué no, en sectores donde la capital es referencia, como el turismo. Resucitar y mantener alto ese sentimiento sevillano es un primer paso, el resto casi vendrá rodado.

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