La ciudad y los días

carlos / colón

Sevilla felliniana

CON coro y orquesta en directo interpretando música barroca mientras desfilan modelos con crucecitas sobre partes apetitosas pero non sanctas del cuerpo, coronas de estrellas o de reina, gestos arrobados, maquillajes de cuerpo incorrupto derivado a zombi, efebos casi en bolas llevando incensarios ("ángeles turiferarios" les llaman los organizadores), una especie de Mae West con alitas angélicas y corona, una señora con gorra militar combinada con traje de noche que parece una fusión entre Sissí emperatriz y Portero de noche, con las tetas en una bandeja en plan mártir o con falda abierta y pantalón ajustado a lo Jane Russell, la zurbatontería sigue azotando a Sevilla. Esta vez en forma de desfile de modas que, creyendo hacer algo culto, moderno, rupturista y atractivo para el turismo, en realidad reproducía el desfile de moda eclesiástica de Roma de Fellini.

En aquella gran película los obispos con casullas y mitras de neón, las momias de las santas, los esqueletos del carro de la muerte, los monaguillos grotescamente inflados con puntillas y encajes o la aparición de Pío XII sobre una escalera de revista simbolizaba la grotesca decadencia de la Roma aristocrática de principessas venidas a menos y de la nobleza negra vaticana con trajes de corte y golas, nostálgica de sus atuendos, ritos y privilegios abolidos por Pablo VI.

En la película de Sevilla la zurbatontería, desde la exposición de Santa Clara al desfile de modelos del palacio de los Algaba, representa más o menos lo mismo en versión supuestamente intelectual y moderna. El baratillo de nuestra historia, la igualación por abajo del arte del siglo XVII y la más tonta superficialidad del siglo XXI, la degradación del patrimonio a mercadería, el pobre Zurbarán interpretado como una revista de Florenz Ziegfield. O ni eso, que Ziegfield fue muy grande; más bien una fusión entre Colsada, Manolita Chen y las carrozas del día del orgullo gay.

Beltrán Pérez ha dicho que este desfile prueba el enorme éxito, impacto y repercusión cultural de la muestra Las Santas de Zurbarán, promovida por el Ayuntamiento, y celebró que los "creadores emergentes" se inspiren en ella y sus "sensaciones" para canalizar su "creatividad". Porque la guinda tonta de "emprendedores" y "emergentes" no puede faltar en ningún discurso político que se precie. Y esto de las pobres santas de Zurbarán es de lo más emergente y emprendedor, faltaría más.

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