Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Siempre en el Betis es volver a empezar

VOLVER a empezar. La oscarizada película de Garci lleva de título una especie de sentencia que compagina a la perfección con el estado crónico del Betis, Real Betis Balompié para su numerosa y fidelísima clientela. Volver a empezar es algo que se ha dado en repetidas circunstancias de la vida del sevillanísimo club de las trece barras con corona y ahora estamos en uno de esos Kilómetro 0 tan frecuentes en la vida bética.

La marcha de Juan Carlos Ollero no ha hecho más que confirmar las buenas vibraciones que me daba como presidente del Betis. Eso de decir "ya estoy yo en mi casa" es un certificado de integridad a carta cabal y la constatación de que este Betis así diseñado es ingobernable. Recuerden que sólo fue gobernable cuando el que mandaba no escuchaba ni a su padre que hubiese vivido para verlo. ¿Añoranzas de Lopera? No, por favor, aunque hoy no me explique para qué su expulsión.

Viendo comportamientos no sé para qué ha servido el desvelo de cuantos dispusieron de su patrimonio para financiar la batalla legal que tiene a Lopera lejos del Villamarín. Un lustro largo de ocasiones perdidas y en el que sólo hubo momentos de alegría mediante algo que no debe repetirse, los ascensos. Dos ascensos en ese tiempo como únicos hitos positivos si no fuese porque resulta ciertamente ominoso que un club como el Real Betis Balompié celebre asuntos tan prosaicos.

Y otra vez el volver a empezar tras el paso atrás de un hombre que no quiso ser florero, o cuchara, y que se hartó de que los que creía compañeros de viaje le echasen en cara un mando sin el apoyo de las acciones. Buscó la necesaria paz social mediante el puente de plata a Lopera, pero se estrelló en el rencor, humano por cierto, de quienes anteponen la inquina al futuro del Betis. Una vez más, la historia del club vive un capítulo tantas veces visto como el de volver a empezar.

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