Doble fondo

Roberto Pareja

Sigue la fiesta

LAS imágenes más bellas, en un espejo cóncavo son absurdas. Deformemos la expresión en el mismo espejo que nos deforma las caras y toda la vida miserable de España". Ese espejo del que hablaba Ramón Valle-Inclán sigue lanzando destellos negruzcos a diestro y siniestro, más con la Fiesta Nacional del 12 de octubre en ciernes, una efeméride empañada por los fantasmas del genocidio en las Américas y reverberaciones franquistas del Día de la Raza.

Este bendito país aún no ha llegado en su nutrida vertiente esperpéntica a los niveles estadounidenses, donde un candidato a la Presidencia del Gobierno amenaza a su rival con meterlo entre rejas, aunque todo se andará, como bien se puede imaginar Mariano Rajoy, que dirige un partido que presume de regeneración democrática mientras intenta cargarse de un plumazo la investigación de un caso, Gürtel, en el que está procesado como partícipe a título lucrativo de una red corrupta de la que la plana mayor del PP no tenía noticia, aunque decenas de alcaldes populares aprendieron a financiar irregularmente sus campañas y a torear (otra sacrosanta seña de identidad del último reducto del aplauso a la sangre y el sacrificio de la bestia) al Tribunal de Cuentas con un powerpoint en pleno apogeo de la trama de Correa, cuando Pablo Casado estudiaba COU, como recordó ayer alegremente el portavoz popular para sacudirse el marrón.

Llegamos al 12 de octubre de 2016 pero aún son muchos los españolitos en la edad de piedra por mucha tecnología punta que nos gastemos ad nauseam, como prueba esa niña de ocho años convaleciente de una paliza a manos de sus compañeros de colegio que no le perdonan que le guste jugar al fútbol o los dos detenidos en Daroca por intentar quemar a una indigente.

La fiesta nacional del esperpento es diaria. Otros ejemplos recién sacados del horno: Puigdemont ofrece al Estado un pacto para cortarle el hombro; el PSOE mantiene como portavoz en el Congreso al mismo que se hartó de decir no es no y ahora no es sí; Podemos sigue con su duelo de narcisos entre la tibieza y las barricadas... Y sigue la fiesta: mañana, la del 12 de octubre. Y en breve, la de Rajoy, muerto de risa ante ese espejito de don Ramón.

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