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Pilar Baena

Torchwood

LA BBC pretende ampliar sus fronteras y por ello ha trasladado a dos de sus series más emblemáticas a tierras norteamericanas. Una de ellas es Doctor Who, uno de los mayores iconos de la cultura popular británica, cuyos dos primeros episodios de la sexta temporada fueron rodados en Estados Unidos. La otra es su spin off, Torchwood, que tras una tercera temporada espectacular ha vuelto con una cuarta que presenta numerosas novedades respecto a sus anteriores entregas. El principal cambio de este año ha sido el traslado de la base de la organización de Torchwood, desde Gales hasta Estados Unidos, tanto en la ficción como en la vida real, lo que supone la oportunidad a la aparición de actores reconocidos internacionalmente como Bill Pullman (Independence Day), Lauren Ambrose (A dos metros bajo tierra) y Mekhi Phifer (Urgencias).

Miracle Day (El día del milagro), como se titula esta temporada, supone un antes y un después en la humanidad y especialmente en la vida del Capitán Jack Harkness (John Barrowman) al descubrir que nadie en el mundo puede morir salvo él. Dos agentes de la CIA harán todo lo posible para reunir a los dos miembros que quedan de la desaparecida Torchwood y entre todos, intentarán averiguar quién se esconde detrás de este milagro y la relación que tiene con Jack.

En esta entrega además, han abandonado por ahora la ciencia ficción pero el interés sigue vigente con nuevos aspectos que explorar. Temas de actualidad como la influencia de las empresas farmacéuticas y el poder de los medios de comunicación, son algunos de los hilos argumentales que se están desarrollando. Asimismo, otro punto a favor es la incorporación de los personajes interpretados por Bill Pullman y Lauren Ambrose.

El primero encarna a Oswald Danes, un asesino que tras el milagro, sobrevive a la inyección letal a la que había sido condenado y tras la cual es dejado en libertad y Ambrose por su parte, interpreta a Jilly Kitzinger, una relaciones pública sin escrúpulos que hará todo lo posible por triunfar en su trabajo aunque ello signifique colaborar con personajes tan detestables como el de Oswald e incluso convertirlos en héroes televisivos.

Sin embargo lo más impactante de la mitología argumental de esta temporada, es la de plantear la inmortalidad como una maldición, más que como un milagro. Y es que si en un principio el hecho de que la muerte no existiera fue recibido con una gran acogida, pronto se empiezan a descubrir las consecuencias negativas que esto conlleva. Víctimas de explosiones, enfermos terminales o decapitados son algunos de los afectados por el nuevo milagro, que a pesar de que les concede la inmortalidad, les condena al sufrimiento eterno.

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