DOS responsables de Naciones Unidades adjetivaron ayer, desde Bagdad, lo que está sucediendo con el avance de los yihadistas del Estado Islámico en amplias zonas de Iraq: actos bárbaros de violencia sexual, secuestros de niñas y mujeres, violaciones salvajes y unas 1.500 personas convertidas en esclavos sexuales. En definitiva, hechos que constituyen crímenes de guerra y contra la humanidad en un escenario de limpieza étnica, donde este grupo terrorista suní está expulsando de sus territorios, cuando no matando, a miembros de minorías étnicas, como los yazidís, kurdos y varios grupos chiíes. Estados Unidos fue el primer país en actuar; envió ayuda humanitaria y parece que ha abierto el cerco donde miles de yazidís estaban cercados por los yihadistas en los montes de Sinjar. Ahora, Estados Unidos amplía su presencia militar con 130 asesores, encargados de ayudar a los militares kurdos para detener el avance del Estado Islámico en el Kurdistán y proteger a otras minorías en el resto del país. Reino Unido también apoya y Francia se dispone a enviar armas a los kurdos antes de la cumbre europea de hoy. Como en otras tantas ocasiones en política internacional, la Unión Europea parece llegar tarde para esfumarse. No ha sido posible coordinar una ayuda conjunta en un territorio donde de manera palmaria se estaban violando los derechos humanos por un grupo que considera moderado a Al Qaeda. Inicialmente, Alemania se oponía al envío de armas, aunque ahora su Ejército enviará material humanitario mientras diversas voces en este país solicitan una implicación militar. Hoy deben reunirse los ministros de Exteriores de la UE. A estas horas, está claro que ni los kurdos ni las minorías se salvarán por los estados de Bruselas. Esto no es sólo reprobable, sino que, además, redunda en la falta de liderazgo de la Unión Europea, cuya presencia es cada vez más difusa en otros conflictos internacionales, como el de Israel y Palestina. La prueba de ello ha sido su papel en la revolución en Ucrania: alentada en un principio, malentendida y, posteriormente, saldada con un conjunto de medidas contra Rusia que pueden tener más efectos negativos en la propia Europa que en Moscú. Es posible que lo que realmente han mostrado estas crisis es que difícilmente Europa podrá defender a alguien si no es capaz de defenderse a sí misma. El balance del mandato de la jefa de la diplomacia europea, Catherine Ashton, no es que sea negativo; es, simplemente, descorazonador sobre las posibilidades futuras de Europa de seguir siendo una potencia mundial.

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