Visto y Oído

Antonio Sempere

Vigorra

SI me planteasen a bote pronto por quién me cambiaría, en décimas de segundo me vendrían a la cabeza no más de cinco nombres. Todos relacionados con el mundo de la comunicación. Y uno de ellos, sin duda, sería Jesús Vigorra, el bueno de Jesús Vigorra. En él se personalizan todos los valores que todavía perduran y dan sentido a la televisión y la radio públicas. Tan necesarias. Y generalmente tan desnortadas.

La vida de Jesús Vigorra es una excepción que confirma la regla. Él pudo. Vivió y sobrevivió. Se involucró en el mundo de la cultura hasta el fondo. Practicando el periodismo cultural. Y el periodismo de proximidad. Potenciando los valores de los creadores cercanos. Ensalzando. Descubriéndolos. Poniéndolos en valor. Y creciendo día a día al tiempo que bucea en ese ecosistema y aumenta su bagaje. Vigorra vive en el mundo ideal de lo inasible. Y, como diría el castizo, encima le pagan, contando con el aval de una empresa pública que le avala y protege, a diferencia de los creativos y diletantes que trabajan sin red.

Claro, que la felicidad nunca es completa, y Canal Sur nunca debió suprimir el espacio televisivo El público lee, modélico en su género. Una prueba fehaciente de cómo deberían entender las televisiones públicas sus objetivos, ejecutando formatos de altísima calidad, olvidando shares y otras zarandajas.

Le queda a Jesús Vigorra la radio pública. La buena radio en las tardes de Canal Sur. Y fruto de esta larga travesía son los premios que concede su programa, que hace poco celebraron su edición número 16 en Jerez de la Frontera. En una gala que recompensó a andaluces como Elena Medel, Juan Carlos Rubio, Alberto Rodríguez, Jesús Castro, o el fotógrafo Fernando Bayona, a la cabeza de las vanguardias creativas más allá de los tópicos. Es decir, una Andalucía del siglo XXI. La que representa comunicadores como el hombre de El Público.

Tags

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios