La esquina

Zapatero y los griegos

AL gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, le ha parecido correcto y ambicioso el plan de austeridad griego que persigue recortar el gasto público en 30.000 millones de euros. Es la contrapartida al programa de préstamos por valor de 100.000 millones con el que el Fondo Monetario y la Unión Europea tratan de salvar a los griegos de la bancarrota (y al resto de la UE del contagio).

Una vez descubierto que Grecia no sólo ha estado viviendo muy por encima de sus posibilidades, sino que ha tratado de engañar al mundo falseando sus estadísticas oficiales para que no se supiera hasta qué punto se han repartido una riqueza que no tenían, el gobierno de Atenas -que se ha dado de bruces con una herencia envenenada de sus predecesores- no ha tenido otro remedio que imponer un drástico recorte de sus gastos, que pagarán sobre todo funcionarios y pensionistas, y un sustancial aumento de impuestos, que pagarán todos los helenos, unos más y otros menos.

El mentado Fernández Ordóñez ha tranquilizado nuestro ánimo al afirmar que la situación de la economía española dista mucho, pero muchísimo, de la de Grecia, para, inmediatamente, inquietarnos lo justo al precisar que debemos aprender de lo que les ha pasado a los griegos, al menos una cosa: que hace falta tomar medidas que sean suficientes para afrontar los problemas económicos de fondo porque si no se toman los problemas se agravarán (quién sabe si hasta llevarnos a la tiesura que tienen los griegos).

¿Por qué no toma Zapatero esas "medidas suficientes"? Yo creo que el presidente valora como nadie contar aquí con unos sindicatos que celebran el Primero de Mayo con unas manifestaciones casi sin manifestantes en las que se meten con Ángela Merkel y Esperanza Aguirre mientras que lo sindicatos griegos se echan a la calle en plan levantisco contra sus gobernantes. Zapatero teme como una vara verde que cualquier plan que toque a los funcionarios y a las pensiones se traduzca en una desafección sindical con consecuencias electorales. Por eso se decanta por "medidas insuficientes", como el recorte de altos cargos y empresas públicas decidido en el último Consejo de Ministros. Un gesto simbólico y pedagógico que no está mal, pero que a efectos de control del gasto público no pasa de la categoría de aspirina.

A esto le llama intento de salir de la crisis sin que sea vean afectados los derechos de los trabajadores (excepto el derecho el trabajo que, al parecer, va aparte). Pero de la crisis estructural no se saldrá sólo con que cambie la coyuntura internacional. El dilema sigue en pie: o sacrificios bien repartidos o autovía a la ruina.

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