Por montera

mariló / montero

Tu amigo fiel

Ami ama, Priscila: quería decirte que necesitas reflexionar sobre lo que hiciste conmigo. Antes te contaré cómo estoy viviendo ahora. Durante el día me dedico a deambular por la ciudad mientras esquivo los acelerados pies de caballero y de tacón que llevan las señoras. Estos días las calles están abarrotadas de personas que hace las compras de Navidad. Van alegres, con bolsas colgadas de sus manos llenas de comida para celebrar la Nochebuena y la Navidad con sus familias. Me resulta difícil desplazarme sin que nadie me golpee. En mi primer año de vida no he crecido mucho aunque siempre seré del tamaño de un peluche. Hace frío por lo que trato protegerme bajo los coches aparcados en las aceras y tras algún banco de parques más vacíos donde encuentro algo de tranquilidad. Es cuando más triste y solo me siento. Las noches son muy duras. El cambio que ha dado mi vida ha sido radical. Ahora busco comida entre los contenedores de basura donde los indigentes abren las bolsas de las que se suelen desprender algunos trozos de comida. Con suerte, si llueve, puedo beber agua de los charcos pero no encuentro suficiente como para poder asearme. Recuerdo el día que viniste a buscarme. Yo venía de un país del Este, con apenas tres meses de vida. Me dejaron en una tienda donde había varias cabinas de cristal ocupadas por otros como yo de los que me hice amigo solo mirándoles a través de la transparencia. La inquietud nos unía. Por el escaparate veía muchas caras de niños que sonreían al verme. Todos querían llevarme a sus casas. Pero llegaste tú y surgió el flechazo. Cuando me cogiste en brazos nos amamos de inmediato. Yo te besaba, tú me besabas. Tu voz era un hilo agudo de trepidantes palabras de alegría. Te escuché decirle a tu papá que estabas muy agradecida porque llevabas años pidiéndole uno de tus grandes deseos. Nos saltábamos las reglas y dormíamos juntos en la cama. Te seguía a todas partes. Te era leal. Esperaba en la puerta de casa tu llegada para saltar a tus brazos y querernos otra vez mientras me contabas las cosas que habías hecho durante el día. Me bañabas en tu bañera como a un bebé. Nunca me gustó el secador que usabas para mí pero se convirtió en parte del juego. Como morderte los pies a tu paso o que acariciaras mis orejas. Todo eso echo de menos ahora que está nevando en la calle, paso frío y hambre. Ayer un hombre uniformado me vio solo vagando por la calle. Me subió a una camioneta. Si nadie viene a recogerme, si no recapacitas por haberme abandonado me sacrificarán en dos semanas. Dale recuerdos a papá, a mamá, a tus amigas a las que les fascinaba mi carita y a ti, mi querida ama. Reflexiona por qué me compraste y ahora en vacaciones me subiste a tu coche, y en aquel descampado oscuro abriste la puerta, me empujaste al suelo y las ruedas me cubrieron de polvo.

Tu perro fiel.

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