La tribuna

ana Laura Cabezuelo Arenas

Entre todos, tiene arreglo

HACE unos meses me llamó la atención una carta al director publicada en un diario y remitida, nada menos, que desde Estados Unidos. En ella, una señora rogaba que, para variar, alguien dejara de centrarse en la corrupción, la crisis, los desastres naturales, la violencia… y transmitiera alguna vez "buenas noticias".

La señora de Morgantown (Virginia) se lamentaba de que los medios de comunicación sólo se complacían en lo despreciable. No es cierto. Hace unos meses, haciendo zapping, descubrí una iniciativa de Canal Sur gracias a la cual se combate la miseria en nuestra tierra apelando a la solidaridad de los andaluces: el programa Tiene arreglo. La periodista que lo conduce -Toñi Moreno- era un ángel que se colaba todos los lunes por la noche en nuestras casas para mostrar, y remediar, la dura realidad que atraviesan muchos seres próximos a nosotros. Felizmente, su iniciativa se ha ampliado ahora con un programa de difusión nacional: Entre todos.

La labor que despliegan los medios de comunicación con programas como éste es digna de alabanza. Desde un trato exquisito y cariñoso, alejado por completo de la morbosidad que caracterizaba a los realities, son múltiples los mensajes positivos que transmite esta profesional.

En primer lugar, el espectador toma conciencia del drama por el que atraviesan muchos conciudadanos. Dejan de ser, simplemente, fríos números dentro de una estadística.

A continuación, se invita a una reflexión, y a abandonar ese pasotismo que hace presa en muchos, y que ha fomentado el desánimo. El público reacciona, una vez experimenta la natural indignación ante esas imágenes. Se escandaliza ante el hecho de que, en pleno siglo veintiuno, y en un Estado europeo (¿del primer mundo?), un individuo se tenga que ver en el trance de acudir a la televisión para colmar necesidades tan básicas como vestir a sus hijos, comprar unos medicamentos, pagar las terapias de un menor discapacitado, o llenar una nevera a la que da pavor asomarse. Ante estas situaciones y, otras de similar crudeza, uno se pregunta en qué nos hemos convertido, y dónde quedó eso que llamaban Estado de bienestar. Digo más, uno toma conciencia de que la desgracia puede llamar a su puerta en cualquier instante (una enfermedad crónica, un ictus, un infarto cardiaco, un despido, discapacidad de un ser querido…). O recuerda que quizá llamó en una ocasión, tuvo buenas personas alrededor, y se decide a ayudar. Uno aprende, en suma, lecciones de humildad, por aquello de que "quien se ensalza, será humillado, y quien se humilla, enaltecido" o por aquello otro, que también encontramos en la Biblia, y que asegura que "quien siembra miseria, recogerá miseria, pero quien siembra generosamente, recogerá en abundancia".

Pero es que además el programa demuestra, y esta es otra buena noticia de la que es portadora Toñi, que los españoles somos un pueblo generoso y solidario, que se sabe unir ante la adversidad, y que hay motivos para creer fundadamente que siempre hallaremos "las personas justas en los momentos oportunos".

Esa persona, nueva enseñanza que encontramos, quizá sea la que menos esperamos. De ordinario, no es gente encumbrada la que acude presta a socorrer a quienes comparecen ante las cámaras, aunque de todo hallamos. Y es que las buenas noticias no necesitan, además, los grandes titulares que demandaba la señora de Mongantown. Uno ha de tener la suficiente sensibilidad como para captar la grandeza de muchas cosas, aparentemente pequeñas, que nos salen al paso, pero que demuestran que aún existen personas con una nobleza de corazón infinita. Ahora acabo de ver a una bibliotecaria con síndrome de Down que llama para ofrecer ayuda a otro discapacitado (magnífico ejemplo de superación, integración y solidaridad). Antes llamó una señora con una pensión exigua, que ha pagado una sesión de terapia, de las varias que se solicitan, para un niño aquejado de cruel enfermedad, por ser ésa "la única medida en la que puede contribuir". Con lo que rememoramos aquello de la viuda del Evangelio que, entregando dos monedillas, fue, sin embargo, la que más contribuyó, porque se desposeyó de lo único que tenía y no, como el resto, de lo que le sobraba. En otras ocasiones, albañiles en paro se han ofrecido para reconstruir viviendas devastadas por un incendio o que, por otras causas (humedades, etc), han devenido inhabitables para sus moradores, que no pueden costear una mínima reforma y viven en condiciones insalubres.

Siempre encontraremos, personas buenas. Toñi las encuentra cada tarde, de lunes a viernes. Gracias, Toñi, por traernos esperanza o por enseñarnos en esa franja horaria que hay gente que sabe "amar en tiempos revueltos". Tú sí que sabes.

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