La Campana

José / Joaquín / León

El arte de vestir imágenes

15 de marzo 2015 - 01:00

HAN pasado de ser casi unos marginados a tener una consideración de artistas. El rol de los vestidores en la Semana Santa de Sevilla ha cambiado muy positivamente en los últimos años. El pasado miércoles, en el Círculo Mercantil, coincidieron vestidores históricos como Pepe Asián y Pepe Garduño con la generación que encarnan los vestidores del siglo XXI. Sucedió durante la presentación del libro Imago Mariae, del que son autores José Ignacio Rico, Antonio Bejarano y Jesús Romanov López-Alfonso, editado por Jirones de Azul. Que se publiquen libros sobre los vestidores, como en otros tiempos ocurrió con los capataces y costaleros, o con los músicos, confirma que se les ve de otra manera.

Fue precisamente la publicación de un libro, titulado Las Vírgenes de la Semana Santa de Sevilla, editado por el Ayuntamiento en 1983, el inicio de un cambio de tendencia en la valoración de los vestidores. Su autor fue el profesor Jesús Miguel Palomero Páramo, catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla. El criterio esencial (que hoy está asumido) es que la labor del vestidor resulta fundamental para las imágenes de la Virgen que procesionan en Sevilla, que son tallas de vestir. Son ellos quienes completan el aspecto definitivo de una imagen. De manera que la calidad artística de una Virgen se puede ver mejorada o enturbiada. Una misma imagen puede ofrecer visiones diferentes, al estar sujeta a modas y cambios de costumbres.

A mediados de los años 80, cuando yo hacía El Programa de ABC, empezamos a incluir los nombres de los vestidores, igual que se publicaban los capataces o las bandas de música. Después la costumbre se ha generalizado. Los vestidores ya no son aquellos seres anónimos de antaño, que sólo eran conocidos en círculos reducidos de capillitas, pero que no recibían los focos de la popularidad. Con pocas excepciones.

Como recordó Luis Álvarez Duarte en la presentación de Imago Mariae, hubo personas cuya labor en el arte del vestir fue decisiva. Ente ellos Pepe Garduño y Antonio Garduño, Fernando Morillo, Pepe Asián, Antonio Fernández y tantos otros que en las últimas décadas del siglo pasado le dieron nuevos aires a la forma de vestir a las Vírgenes. Y cabe recordar también que en ese entorno no faltaron reconocidos cofrades, a los que no se les caían los anillos por vestir Vírgenes, desde Juan Pérez Calvo al mismísimo Juan Carrero (que era el vestidor de Dolores de San Vicente) o Manuel Sousa (que vestía a las imágenes de La Mortaja).

Ahora hay otra generación, que ha alcanzado popularidad, con vestidores muy reconocidos como Francisco Javier Hernández, que le ha dado un sello especial a la Esperanza de Triana, José Antonio Grande de León o Antonio Bejarano, que es uno de los autores del libro que se presentó. Incluso diseñadores profesionales, como Vic torio y Lucchino, han sido vestidores de ocasión.

En la Semana Santa (y en los templos) vemos imágenes que han mejorado mucho con el tiempo, sencillamente porque antes no tenían el mismo realce. Del menosprecio o la indiferencia de antaño se ha pasado a conceder premios artísticos a los vestidores.

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