La ciudad y los días

Carlos Colón

Si las barbas de Londres ves afeitar...

Londres. Primero estalló el conflicto racial en Tottenham. Después el conflicto antisistema por toda la ciudad. Que suceda en una gran ciudad europea -como pasó en París en 2005- debería alarmarnos. Pero que el escenario sea Londres, símbolo histórico de la resistencia heroica frente a las ideologías racistas (precisamente Tottenham fue el primer barrio bombardeado por los nazis hace casi exactamente 61 años, el 24 de agosto de 1940) y símbolo vivo de la convivencia entre credos, culturas y razas de todo el mundo ("parado en una esquina de Londres ves pasar el mundo" escribió alguien, tal vez Cabrera Infante) debería aterrarnos. Si esto pasa en Londres, ¿quién está a salvo? El sábado por la noche ardieron coches, comercios, edificios y hasta manzanas enteras de viviendas en Tottenham. Se trata del incidente de origen racial más grave desde los acaecidos en Brixton (sur de Londres) en 1980.

Tras el conflicto racial del sábado por la noche, encendido por la muerte de un presunto delincuente negro bajo el fuego policial, estalló el conflicto que prefiero llamar antisistema en vez de social: guerrillas urbanas, ocupas y todos aquellos que aprovechan cualquier pretexto para dedicarse al saqueo, el pillaje y el vandalismo. Porque según la Policía londinense parece que los graves incidentes son "producto de una táctica organizada de grupos de activistas, más que de jóvenes locales indignados por la situación social en su barrio".

Hay un precedente terrible: en 1985 Tottenham fue tomado por una horda de jóvenes que quemaron coches, asaltaron comercios, lanzaron cócteles molotov, dispararon con escopetas de caza, asesinaron un policía a machetazos e hirieron a 250 personas, entre ellas 200 policías. Aquel estallido, y los de los dos últimos días en el norte (Enfield), este (Walthamstow), sur (Brixton) y centro (Oxford Circus) de Londres carecen de razones políticas y sociales en el sentido fuerte y reivindicativo de estas palabras. Aunque sean resultado de un estado de cosas social -educación, valores, objetivos, motivaciones- que no hace sino agravarse.

Saqueo y vandalismo no son respuestas revolucionarias a situaciones de injusticia u opresión. Ni tienen que ver, en principio, con los actuales movimientos de los llamados indignados, aunque entre ellos esté infiltrada esta variante anarquista posmoderna. Como sucedió cuando en noviembre de 2010 las protestas estudiantiles de los jóvenes londinenses degeneraron en una violencia antidemocrática que asaltó la sede del Partido Conservador e intentó asediar el Parlamento. Cuando las barbas de Londres veas afeitar…

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