Desde mi córner

Luis Carlos Peris

El beticismo, qué buen vasallo

SÓLO el hecho de ganar ya es motivo de satisfacción, sobre todo cuando con ese triunfo se rompe una dinámica descorazonadora. Es lo que significa el trabajadísimo triunfo por la mínima sobre Athletic Club en el día a día del Real Betis Balompié. Ya sé que lo auténticamente importante es la Liga, más que nada por la desastrosa trayectoria que el equipo verde, blanco y verde lleva en dicha competición, pero ganar es rozar la posibilidad de cambiar.

Reconozco que el Betis, ese Betis que sobrevive en las tres competiciones con que arrancó el curso, le ganó a los leones con el comportamiento de un equipo menor. Fue jugando a la contra en campo propio y pidiendo desesperadamente la hora aun a sabiendas de que el resultado no garantiza absolutamente nada para la vuelta. Así derrotó el Betis al Athletic, pero eso no le quita a la victoria ni un ápice de los beneficiosos efectos terapéuticos que pueda acarrear.

Está claro que lo verdaderamente importante se fía para las cinco en todos los relojes de la tarde del domingo en Heliópolis. Con Osasuna al otro lado del ring, ese partido es infinitamente más decisivo que el de antier noche contra los vizcaínos, pero tampoco debe dudar nadie de que ese triunfo copero contribuirá a una subida de la autoestima y a afrontar la cita con los navarros bajo un estado de ánimo mejor y como se sabe que el fútbol es un estado de ánimo, pues...

Y no quiero rematar esta faena sin destacar el fantástico papel que está recitando la afición del Betis. Con el alarido del manque pierda en perfecto estado, con la fidelidad a prueba de celadas y filtraciones espurias, desechando la posibilidad de que la malignidad vuelva a manejar los hilos y apoyando indesmayablemente al equipo, el ejemplo es maravilloso. Y nuevamente, como en tantas y tantas ocasiones, se me viene al caletre lo de qué buen vasallo si hubiere buen señor...

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