El bolso de Calvo

Sánchez estaba obligado a defender en el Congreso el estado de alarma de seis meses. Y dejó vacío su sillón

El sillón vacío del presidente en el Congreso es un mal síntoma. El jueves, en el debate sobre un estado de alarma para seis meses sólo faltó el bolso de Carmen Calvo en el asiento de Sánchez. Lo dijo Inés Arrimadas, en alusión al bolso de Sáenz de Santamaría sobre el escaño de Rajoy durante la moción de censura que lo echó del poder. Una decisión tan excepcional como la alarma obligaba al presidente a defenderla. Y faltó ese ejercicio de liderazgo, imprescindible para materias tan diversas como sanidad, economía, seguridad, abastecimiento, educación, empleo, transportes, ocio o espectáculos. Pero no sólo se borró del debate Sánchez y se marchó enseguida, sino que el banco azul quedó desierto salvo la ministra de Política Territorial y el titular de Sanidad que hizo de sobresaliente y cubrió la espantada de su jefe.

Esa actitud contrasta con la del presidente francés que asumió el miércoles toda la responsabilidad de las medidas que tomó su país. Macron explicó que esta segunda ola será "más dura y mortal" que la primera y que la aceleración de los contagios es "muy superior a las previsiones más pesimistas". Aquí Pedro Sánchez explicó el domingo unos baremos de incidencia, en los que se basarán las medidas de control o confinamiento, que estableció el Gobierno en julio y sólo anuncia ahora. En verano todo era mimar al turismo, salimos más fuertes y la nueva normalidad.

Ha habido mucha complacencia con el público en general por parte del Gobierno, como lo han sido alusiones similares del presidente de la Junta de Andalucía. Quizá el miércoles, por primera vez desde que empezó la epidemia, Juan Manuel Moreno demostró autoridad. Hasta ahora él y sus lugartenientes han repetido argumentos de márquetin: que en primavera la incidencia del virus fue menor aquí que la media nacional porque los médicos andaluces eran los mejores, el comportamiento de la gente había sido inmejorable y porque su gobierno "se adelantó". En vez de reconocer que media docena de regiones en las que el virus estaba empezando a propagarse se beneficiaron en marzo del confinamiento general de España, se refugiaron en la estrategia fácil: jabón para el público y medalla en su solapa. Y así han seguido, en la región con menos rastreadores por habitante.

El miércoles por el contrario Moreno hizo un ejercicio de liderazgo: llamada dramática de alerta, demanda de sacrificio y anuncio de tiempos peores. Es el momento de la responsabilidad. No queda sitio para la propaganda o el autobombo. Ni para que el piloto de la nave deje su asiento vacío.

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